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“Drifters”/“Leviathan”. Del tiempo poético al tiempo sonoro en el documental por Aarón de la Rosa


Drifters. 1929

La belleza ha sido considerada como algo inferior a lo sublime. John Grierson

En 1929 el británico John Grierson saca a la luz Drifters, un ensayo documental sobre la vida de los pescadores de arenque en la industria pesquera de Inglaterra. Su apuesta visual inauguro una interesante manera de narración que con el tiempo constituiría el modelo de diversos documentales como de producciones televisivas. Bajo un exitoso marco en la producción, Drifters se realizo gracias al patrocinio de la Junta de Marketing del Imperio (Empire Marketing Board) organismo adscrito al gobierno Inglés en turno.

Este documental, insonoro, se centra en la cotidianeidad de los pescadores del norte de Inglaterra registrados a finales de los años veintes. El tratamiento se centra en la visión de la clase obrera que enmarca una factura cuya herencia posee dos grandes estéticas del género: de Dziga Vertov, el formalismo cinefotográfico del montaje ruso y de Flaherty, el acercamiento descriptivo-antropológico cuya fusión nos traduce una mezcla de planos poéticos de la maquinaria, las aves y el barco junto a las acciones descriptivas de los pescadores en su labor diaria, es decir, “el documental fotografiará las escenas en vivo y las historias vivas” (Grierson, Cuec-Unam, pp. 101).

La capacidad del cine de obrar en su lenguaje por una narración de historias, es parte del montaje que logra el género documental, gracias al registro pre-establecido de la realidad por medio del autor. Para ello, Grierson partió de esta herencia ideológica que como Vertov inscribe al relato fílmico, un lenguaje cinematográfico desde la forma del encuadre y su montaje, equiparable a la estructura de la película Cine Ojo, 1929 y, que confronta con la idea de la intervención descriptiva de los hechos del realizador con la naturaleza de la vida y sus personajes que Flaherty desarrolla en el pueblo esquimal con Nanuk en 1922 y Grierson lo asimila para acercarse a la vida de los pescadores.

La reflexión que hace John sobre el mundo moderno del hombre y la máquina ya la habíamos visto con Metrópolis, 1927 de Fritz Lang, sin embargo, ahora la máquina y el hombre se trasladan a un terreno más realista y cercano al espectador. Gracias a la gramática visual de este ensayo cinematográfico se rompen barreras y se conforma una nueva interpretación del hombre a través de la cámara, el montaje y el registro inmediato de los actores de la realidad que se filtran bajo un desarrollo narrativo donde los planos abiertos, acaso metafóricos de las aves, la maquinaria y su entorno se yuxtaponen con los planos detalle cuya lente registra las acciones de los pescadores. Grierson alude a la re-interpretación del lenguaje documental de un proceso que se forma del ambiente, el ritmo y los personajes, “creemos que el actor original (nativo) y las escenas originales (nativas) son los mejores guías de una interpretación en la pantalla del mundo moderno” (Grierson, Cuec-Unam, pp 101).

Leviathan: del tiempo poético al tiempo sonoro

Han pasado más de setenta años desde que Grierson, padre del documental había bosquejado uno de los pensamientos más vanguardistas en el terreno del lenguaje documental, ahora con la celeridad de la imagen en movimiento que ha marcado la tecnología y sus dispositivos móviles, no es raro pensar que las nuevas facturas de grabación de imagen en movimiento determinan las texturas y los nuevos lenguajes en el cine digital.

Los antropólogo-etnográfos Lucien Castaing-Taylor y Véréna Paravel trabajan juntos desde el Ethnographic Sensory Lab en la Universidad de Harvard, donde su tercer producción juntos: Leviathan, apuesta en el terreno documental a experimentar con la factura de doce cámaras Gopro® desde un montaje visual y sonoro que aborda el trabajo de los pescadores en faena diaria en el Atlántico Norte, similar a la narrativa literaria del Moby Dick de Herman Melville, el montaje deja de lado el didactismo del documental a la National Geographic y se acerca a la plástica de Joris Ivens o Walter Ruttman. Los planos se vuelven más cercanos evadiendo el lugar común del long shot, en estos lugares registran no sólo la recolección de camarones y el trabajo diario de los pescadores también se registra el andar del barco en altamar, el comportamiento de las  aves a la caza de alimento, lo animal de la fauna marina se metaforiza en el cuerpo del barco y su entorno. Entre un lenguaje presto a la narrativa del corte directo, el sonido se plantea en una dimensión igual a la cinefotográfica. La estridencia de la realidad es la brutalidad del diseño sonoro que recrea una forma sensitiva de percibir la cotidianeidad de la clase trabajadora, es decir, al igual que los hombres, la máquina emite sonidos, los animales emiten ruidos y ello se amalgama en la textura emocional del ambiente: “El documental puede guardar un conocimiento íntimo al efecto que es imposible lograr con lo mecánico del estudio, además dan el toque de interpretación de un actor metropolitano” (Grierson, Cuec-Unam, pp. 102.) y ese actor metropolitano es el sonido.

Adorno y Eisler afirman que “La compenetración de música e imagen quiebra justamente la convencional relación de efectos en la que ambas se encuentran habitualmente porque presenta esta relación de efectos de una forma patente que eleva a la conciencia crítica.” ( Fundamentos, 76, pp. 41) en Leviathan no solo se emplea el score del grupo de metal stoner Mastodon con su álbum homónimo al filme sino se recrea un plano sonoro capaz de explorar las capacidades sensoriales del espectador a través de planos cercanos con pocos intervalos a planos generales, la búsqueda plástica de las cámaras dentro y fuera del mar, los planos detalle de los pescadores, sus reacciones y su fuerza plástica de la piel, sus acciones y el aburrimiento de la monotonía en altamar enmarcan una manera distinta y artesanal de conservar la ideología narrativa similar a Fernand Leger con “Ballet mecanique” (1924) pero reinterpretada en la postmodernidad, es decir, en Leviathan el tiempo del sonido es drama y la secuencia se vuelve emocional, fuerte y transgesora. Cuando Ruttman había incursionado en la poesía visual de la metrópoli con Berlín: sinfonía de una metrópoli (1927) Grierson afirmaba que él había logrado conjuntar el sentido de “continuidad” necesario para el documental tanto en su visión fílmica como en los movimientos sinfónicos de la música que aún en nuestros días sigue cautivando a nuevos espectadores.

Leviathan puede ser una respuesta posible al pensamiento ideológico, que el documental debe conjuntar. No solo con el ortodoxo montaje entre forma y plano del realizador científico en busca de la “verdad” frente a la naturaleza sino la incursión del sonido dentro de un tiempo poético y sonoro que se acerque a la plástica del espectador, más sensorial e íntima, por tanto Lucien Castaing Taylor y Véréna Paravel se arriesgan a mostrar un enfoque cinematográfico que con la actualidad de la tecnología conjuga una realidad, que Grierson ya había documentado: la confrontación del hombre y máquina y el hombre, ahora bajo un lenguaje más complejo y brutal.

Bibliografía

Adorno, W. Theodor y Eisler Hanns. La música y el cine. España, editorial Fundamentos, 1976.

Grierson, John. Principios de Cine documental. Trad. José Rovirosa. México, CUEC-UNAM, 1976. Págs. 98 a 120.

Filmografía:

Leviathan (2012) [Reino Unido]

Interesante

Lucien Castaing-Taylor, Véréna Paravel

Hell Roaring Creek (C) (2010) [Estados Unidos]

Lucien Castaing-Taylor

Documentary

Foreign Parts (2010) [Estados Unidos]

Véréna Paravel, J.P. Sniadecki

Documentary

Hierba de búfalo (Sweetgrass) (2009) [Estados Unidos]

Ilisa Barbash, Lucien Castaing-Taylor

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The function on the director by Paul Rotha*


Paul Rotha

1. THE DOCUMENTARY DIRECTOR

A director goes documentary by choice and not coincidence. In
so doing he seeks to serve his conscience and avoid the cupidity of
story-film as it flourishes under most studio conditions.
Documentary defines not subject or style, but approach.
It denies neither trained actors nor the advantages of staging.
Ir justifies the use of every known technical artifice to gain its effect
on the specator.
Two courses are open to the director of documentary. He may
seek themes and material at the ends of the earth in the manner
of a Flaherty; or he may face the problems of the community around
him in the manner of a Grierson. The choice is personal. These two
names plot the extremities of the dramatised documentary as distinct
from the descriptive style favoured by the lesser lights of the racket.
To the documentary director the appearance of things and
people is only superficial. It is the meaning behind the thing and
the significance underlying the person that occupy his attention.
To the documentary approach every manufacture, every organisation,
every industry, every craft represents at one point or another
the fulfilment of a human interest.
Documentary approach to cinema differs from that of storyfilm
not in its disregard for craftsmanship, but in the purpose to
which that craftsmanship is put. Documentary is a trade just as
carpentry or pot-making. As a trade its technique must be mastered
if the product is to be valuable and have meaning. But technique
alone is not sufficient.
A film must serve a purpose beyond itself if it is to survive. It
may serve entertainment (as the studio producers dictate), it may
serve propaganda (as the publicists demand), or it may serve art
as the highbrows pretend), but it cannot be an end in itself.
Because documentary is in its infancy and because production is
largely (but not wholly) made possible by serving propagandist ends,
the publicist himself is the main enemy of the director. Because
cinema is everyone’s plaything to criticise for good or bad, your
publicist will demand the inclusion of this or the exclusion of that
to the prostitution of your conscience.

Frederick Wiseman – High School

Therefore, three demands must be made by the documentarv
director: the right to theorise, the right to experiment (time and
footage), and the right to attempt to satisfy his conscience. He mav
have to travel to sacrificial lengths to obtain these rights. Becauxhe
must look to the future he will try to satisfy the publicist’s demands,
perhaps produce a bad film thereby, and get kicked in the
pants just the same. It is at present a matter of compromise, of bluff
as bluff can. If he is ambitious he will hope to get away with a
number of second-rate films, goaded on by the belief that one day
he will turn out a top-notcher.
The documentary director must remember that his theme (or
message) alone compels audience interest. There is nothing personal
in a documentary with which an audience can identify itself. Perhaps
there are mass or social instincts, but not individual emotions.
But in story-film the audience can assume a personal interest in
characters or incidents, often projecting itself into the position of a
participant. Because there is a story to divert attention from
realities, the task of making story-film is more simple than that of
documentary. In fact, the audience will accept deliberate misstatements
of truth in story-film, but to lie in documentary demands
infinite skill, perfect craftsmanship and an accurate knowledge of
audience psychology.

Frederick Wiseman – Meat

Unlike the story-film director, the maker of documentary has
yet to gain the full co-operation of the trade. The renter and the
exhibitor do not understand documentary, and I am not sure that
they have tried. They search for established publicity angles and,
finding none, invent them. Yet their habits are retrogressive.
Moana was issued as “the Love of a South Sea Siren.” Documentary
must always go forward. It needs new distributions and new
publicities. These will come.
Meanwhile, production becomes specialised, demanding mentalities
capable of approaching a multitude of treatments, from
the school-film to the dramatic industrial.
But, if it is not to go the way of story-film, documentary musl
be protected against exploitation for commercial profit alone. Its
directors must retain freedom for their ideals.

ANOTHER REPERTORY CINEMA
The famous Everyman Theatre, Hampstead, has been re-opened
with a programme of repertory. J. S. Fairfax-Jones, one of our
London correspondents and a prominent member of the film
societies’ movement, is a director of this new venture. Among the
first films to be shown are Le Million, Tabu, and Cimarron.

*Film Quartely, Vol. 2 no. 2, Winter 1933-34, Pages. 78-79