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La memoria obstinada. El cine documental de Patricio Guzmán y la revolución chilena de Salvador Allende por María Noelia Ibañez*


Salvador Allende
Salvador Allende

Introducción
A mediados de los años sesenta Chile comienza a experimentar sus propias características de la revolución, palabra que en acciones se redoblará en Latinoamérica luego de la experiencia de la Revolución Cubana. A través de la Unidad Popular, Salvador Allende llegará al gobierno en 1971 y será derrocado por un golpe cívico-militar en 1973. La experiencia chilena, caracterizada como “la vía chilena al socialismo” por ser una búsqueda pacífica de cambios radicales en todos los aspectos de la sociedad, ha sido la columna vertebral en la obra del cineasta chileno Patricio guzmán. Consideramos muy importante para la comprensión del proceso único vivido en Chile el análisis del mismo en función de lo que el cine de lo real (documental) nos muestra desde la crítica lente del cineasta Guzmán y su obra enfatizada en la búsqueda de las voces del pueblo.
La construcción de la Unidad Popular como una conjunción de las distintas vertientes de izquierda, se forja en Chile como resultado de una larga y continua experiencia de los partidos Socialista, Comunista y otros sectores afines, que convivieron en los espacios políticos del país trasandino desde el siglo XIX. Chile presenta esa característica y otras que la hacen muy particular dentro del entramado político social de mediados de los años cincuenta con la movilización causada por la Revolución Cubana. Pero no solamente es bajo aquel contexto que Chile interpreta al modo de su pueblo las posibilidades reales de una lucha revolucionaria. Sólo por dar un ejemplo, diremos que en 1932 un golpe militar socialista toma por diez días el poder, al mando de Marmaduke Grove1, quien se convertiría en un héroe para la izquierda de ese país, en lo que se llamó la “República socialista”.2 La izquierda chilena siempre se había constituido como una alternativa electoral o había formado parte de los Frentes Populares, como lo hizo en 1964 cuando el radical Aguirre Cerda llegó a la presidencia y Salvador Allende formó parte de su gabinete como Ministro de Salud.

Las dos grandes vertientes historiográficas con respecto al sentido que tuvo la Unidad Popular, su construcción, su gobierno y su derrota, se centran principalmente por un lado en las posturas que colocan el eje de observación en las problemáticas internas de la Unidad, entre las fuerzas que la conformaron y la relación con los militares. Por otro lado, se ubica la cuestión en relación al papel jugado por Estados Unidos en connivencia con la derecha chilena. Como hipótesis general creemos que estas dos vertientes están claramente expuestas en el documental “La batalla de Chile”, muchos años antes de que la historiografía se ocupase del período 1970-1973; con las características propias que veremos más adelante. “La memoria obstinada” es un documental que puede leerse en clave de continuidad con La batalla… filmado en 1997 por Guzmán a su regreso a Santiago, constituyendo así una búsqueda interior a través de los restos de la historia. En el documental “Salvador Allende” realizado en 2004, Guzmán emprende una relectura de un pasado que le pertenece, del que fue parte, a través de una búsqueda biográfica de la figura del presidente que le dio vida a la Vía chilena al socialismo en un contexto latinoamericano donde la lucha armada parecía ser la alternativa más viable para combatir al capitalismo y al imperialismo. Trataremos en este intento de análisis histórico estos dos documentales del director Guzmán, el primero de los cuales se halla fragmentado en tres partes y fueron filmados en el mismo momento en que el proceso histórico político, social y cultural que muestra, está sucediendo. Es decir que en “La batalla de Chile” tiene primacía la “cámara real”, el pueblo, las voces de la lucha de clases, que como subtitula Guzmán es la “lucha de un pueblo sin armas”, título con el que Marta Harnecker3 (quien colaboró en el guión del documental) analiza el proceso de la vía al socialismo.

Presidente Salvador Allende el 11 de Septiembre de 1073 - Foto 5 (Completa) (2)
Presidente Salvador Allende el 11 de Septiembre de 1973

La batalla de Chile
“Durante muchos años yo no sabía lo que era La Batalla de Chile. Incluso mientras la hacía, pensaba que no le iba a gustar a nadie, que era sólo para estudiosos, para iniciados. No tenía idea de qué valor universal podía tener.”4
En la primera parte de “La batalla de Chile”, La insurrección de la burguesía, Guzmán nos muestra cómo la oposición al gobierno de la Unidad Popular emprende su lucha burguesa contra el poder popular. El director, además de mostrarnos los hechos en el momento en que estaban ocurriendo, recurre a entrevistas diversas con la gente en la calle. Las manifestaciones de la oposición se hacen presentes en el período de mayor conflicto interno de la Unidad Popular y del gobierno con los demócratas cristianos particularmente. En 1973 el boicot económico y financiero al gobierno es un hecho consumado que Guzmán registra a partir de las voces de los trabajadores, la clase media y los protagonistas directos, como los discursos pronunciados por Allende y por los diputados de la oposición. La necesidad de diálogo con la Democracia Cristiana se había diluido en el marco de las negativas que la oposición, acompañada por Estados Unidos, sostenía cada vez con mayor firmeza. La batalla política que implica las posiciones inmóviles de la oposición son registradas por Guzmán con minuciosa intencionalidad de mostrar un mapa completo de la situación, sin resistirse a dejar de lado ninguna imagen que pudiese ocultar las intenciones de la sociedad en general. La derecha organiza huelgas y allana el camino para la restricción y falta de alimentos, así como divide a la clase trabajadora, poniendo al gremio del transporte en contra del gobierno, facilitando de este modo el bloqueo económico.5
Guzmán pone en juego la dialéctica entre el pueblo que lucha desde abajo por sostener un gobierno que le pertenece, cuya identidad le es propia, y la lucha de la derecha por romper esa identidad, marginar que la clase trabajadora consiguió con la construcción de la Unidad. La confrontación de clases se muestra en vivo y en directo, no es necesario darle carácter de ficción a lo que es, lo que está siendo un proceso presente que a lo largo de los años se convertiría en un documento por su valioso aporte a la historia chilena. El manejo de los primeros planos de los rostros acompañan las diversas opiniones sobre la situación del país. La llamada estrategia de masas de la derecha, se encuentra expresada en los rostros “desencajados” de los manifestantes que denominan a Allende y su gobierno como “repugnantes anticomunistas que deben irse del país”, retratados por Guzmán en una de las vertiginosas manifestaciones de la lucha antipopular de la derecha chilena. A partir del paro de octubre de 1972 donde la derecha inclinó a sectores trabajadores hacia una lucha contra el mismo gobierno que estos apoyaban, la organización clandestina Patria y Libertad comienza a accionar a través de actos terroristas y en la organización de fuerzas paramilitares de choque6. Con la destreza de un documentalista inmerso en los acontecimientos, Guzmán expresa la coyuntura, porque no es su cámara quien lo hace sino la sociedad misma quien se manifiesta ante ella sin reparos. Es el propio director quien narra y permite la narración directa de los protagonistas: la lucha de clases, Allende, los miembros de la Democracia Cristiana, los trabajadores de la CUT (Central Única de Trabajadores). Los testimonios manifiestan lo que quiere decirnos Guzmán, cumplirán con los años, la función de la memoria y el testimonio, dos conceptos tan complejos como necesarios para analizar la historia. Podemos ejemplificar lo expresado, en una escena donde Guzmán entra a un departamento de clase alta, solicitando hacer una encuesta para el plebiscito que busca derrocar a Allende con la unidad de la derecha a través de la Democracia Cristiana. Una mujer joven le dice que votará a favor del candidato de la derecha para que vuelva la democracia al país, mientras Guzmán hace un paneo general donde se observan las condiciones materiales de vida de la familia que habita la casa y el plano general abierto desde la ventana donde se demuestra que es un barrio residencial de Santiago. Los manifestantes reunidos en la plaza, la tarde de las elecciones, convencidos de su triunfo se declaran a favor de la salida democrática y la necesidad de que Allende se fuera del país para derrotar al marxismo. Ya habían comenzado su propia lucha desde el accionar económico político que conducía al desabastecimiento de alimentos.

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Dicha situación, agravada por el mercado negro con que especula la derecha, es lo que Guzmán comienza a narrar y a escuchar a partir de la voz del pueblo que va a buscar los alimentos racionados y se mantienen firmes acompañando a la Unidad Popular. Esa firmeza es transparentada por el director a través del diálogo directo y la cámara buscando continuamente la expresión de los rostros, los gestos y los planos generales que nos ubican en el contexto. De esta manera Guzmán registra la percepción contemporánea de la realidad desde todos los puntos de vista, lo cual implica la mirada del registro documental con la mayor amplitud posible. Es decir, “la percepción total, objetiva” que encarna la percepción de lo real7.
En la segunda parte, “El golpe de Estado”, se muestra cómo a mediados de marzo la lucha de clases se agudiza, entre aquel mes y septiembre de 1973 el boicot económico provocado por la derecha agrava los problemas sociales que Allende intenta enfrentar cambiando el gabinete por completo, colocando en algunos ministerios a militares llamados “constitucionalistas” y bregando por la no utilización de lucha armada en ningún momento para no desatar la sangre derramada entre hermanos8 Una situación insostenible que, por una parte tiene como protagonistas a los trabajadores retratados por Patricio Guzmán en sus reuniones y debates internos en torno al qué hacer ante la situación. Se plantean diversas discusiones que el director toma sin intervención, más allá del relato casi cronológico de los acontecimientos. La voz viva y directa de los obreros de las fábricas, las voces de la clase media y altas opositoras y de los militantes va relatando (sin intención de hacerlo) el proceso histórico que llevó al golpe de estado de 1973. El valor documental de estos hechos, por lo tanto, radica en la contundencia con que está expuesta la realidad, a modo de una ficción guiñada pero que sabemos conscientemente que es una realidad captada en directo. La cámara se mueve según la implicancia más fuerte o más significativa de las palabras y los gestos. Aunque conozcamos el final de la historia, el hilo conductor narrativo comprende una situación de espera intrigante acerca de lo que va a sucedes, guiada por la voz del propio director pero cuya narración es llevada adelante por los protagonistas, o, al menos por buena parte de ellos. “Ellos” precisamente constituyen sujetos colectivos, que presentan mayor importancia que los sujetos individuales, tanto en lo referido a la masa popular que busca sostener al gobierno de Allende como a quienes buscan derrocarlo.
“Los derechos humanos no podemos reducirlos a los asesinatos, está claro que debemos exigir “verdad y justicia”, pero también debemos reclamar nuestros derechos económicos, sociales y políticos. Debemos exigir nuestro derecho a un salario digno, a educación de calidad, salud digna, viviendas adecuadas. Todos estos derechos estaban medianamente garantizados antes de la llegada de la dictadura, de hecho la principal tarea de la dictadura fue abolirlos y convertirlos en una mercancía más del mercado”.9 El contenido de estas palabras que Guzmán escribe para el artículo citado, es lo que se re-descubre en La Batalla de Chile, especialmente en esta segunda parte que analizamos, cuando bajo el sonido de un helicóptero la cámara se focaliza en los días de junio de 1973: un fallido intento de golpe de estado donde los tanques deben iniciar la retirada merced a la postura constitucionalista de una parte de las Fuerzas Armadas, entre los cuales se encuentra Augusto Pinochet. Los ecos masivos del cántico “crear poder popular” y “Allende Allende” el pueblo se manifiesta en medio de las balaceras y los disturbios. Las imágenes del pueblo en la calle confrontan con las imágenes de “La insurrección de la burguesía” en que las clases dominantes son tomadas en sus autos y departamentos de lujos, detallando con la cámara sus vestimentas, sus alhajas y sus posturas físicas.
En la tercera parte “El poder popular”, Guzmán recorre con intenso realismo la acción colectiva de los militantes de la Unidad Popular y de los sectores de la población que apoyan la llegada de Allende a la presidencia. El director emprende la narración contando cómo para 1972 el programa propuesto por la Unidad Popular ha sido cumplido casi en su totalidad, por ejemplo, la estatización de la minería, de los bancos, el proceso de reforma agraria, etc. El presidente Allende, a pesar del gran apoyo de la sociedad, es víctima de la intolerancia de la derecha y de la alerta de estados Unidos por un gobierno “marxista” en el Cono Sur de América Latina. Guzmán vuelve a reflejar a través de los discursos de los empresarios y algunos sindicatos que han sido captados por estos, el trabajo de boicot económico y paros que organiza la derecha para quebrar al gobierno. A partir de la huelga patronal de octubre de 1972 el documental reconstruye el proceso de organización del pueblo que busca redefinir sus posiciones frente a la debilidad que parece mostrar el gobierno. Guzmán no intenta reconstruir las divergencias internas de la Unidad Popular entre los partidos que la componen pero pone de manifiesto a través de las voces de los trabajadores un conflicto que empieza a ser cada vez más fuerte: cómo controlar los manejos de la derecha en medio de una lucha pacífica. Se pone en cuestión al idea de la lucha armada a través del MIR e incluso desde los cordones industriales de obreros, idea a la que Allende se opone contundentemente10. Guzmán explica cómo se organizan los Comandos Comunales, y toma entrevistas en diferentes barrios para que los proletarios (como a sí mismos se llaman) cuenten lo que significan dichos comandos para acompañar orgánicamente al gobierno. Ellos discuten y confieren identidad a sus comandos, a la hora de atravesar los problemas de desabastecimientos que afectan la alimentación y la salud. Confieren al comando comunal una institución anti burguesa en la cual se manifiesta la construcción que lleve a los trabajadores al poder. Esencialmente este es el eje de que aborda Guzmán en la tercera parte de La Batalla de Chile. Patricio Guzmán internaliza el mundo de los otros, desde el momento en que esos “otros” no sino los mismos que él, está involucrado. El involucrarse conlleva involucrarse con los protagonistas sociales, de modo que la realidad interpela tanto al autor del documental como a los participantes11.

Jorge Müller y Patricio Guzmán en rodaje de "La batalla de Chile"
Jorge Müller y Patricio Guzmán en rodaje de “La batalla de Chile”

La memoria obstinada
En La memoria obstinada, Patricio Guzmán realiza un enfoque retrospectivo como protagonista de los hechos. Luego de veintitrés años regresa con un compañero a La Moneda y a todos los espacios donde los hechos ocurrieron. La mayor expresividad del documental radica en la memoria, el testimonio y el recuerdo de los compañeros asesinados y desaparecidos. Juan, quien lo acompaña, es uno de los personajes anónimos (como relata el propio director) que había participado en La batalla de Chile. Mientras Guzmán narra las imposibilidades de mostrar sus anteriores documentales en Chile, la cámara acompaña a Juan en su recorrido por La Moneda hacia el balcón por donde hablaba Salvador Allende al pueblo. En el documental se van encontrando fragmentos de entrevistas que intentan captar en un flashback de imágenes y voces, lo que la memoria dice, el sentido de los recuerdos. La importancia de la memoria histórica y política aparece como un sujeto vivo que busca revisar lo que la realidad expresó en La Batalla de Chile. Pero la diferencia es que ahora hablan los ausentes, las fotos, los recuerdos de los compañeros, de los militantes, de aquellos cánticos que en La Batalla… mostraban un presente real y palpable, en La memoria obstinada regresan en el silencio de una lucha sin armas que apela contantemente a la memoria sentimental, nostálgica, como basamento de la necesidad de justicia. La música que alimenta las entrevistas y las imágenes ya no es la del pueblo sino el piano doloroso de Beethoven. Sin embargo, una banda de jóvenes tocan en el centro de Santiago el Himno de la Unidad Popular, mientras recorren sus calles como espejo de la fiesta que significó el triunfo de Allende12.
La memoria obstinada recurre al presente abonando los recuerdos del pasado con una clara intención de dar a conocer lo que sucedió en el período chileno entre 1970 y 1973 a jóvenes que crecieron bajo la dictadura y que desconocen lo que fue el gobierno de la Unidad Popular, sus significados políticos, culturales y sociales. Guzmán narra en el documental cómo proyecta La batalla… para que estos jóvenes tengan una visión de la realidad más cercana a la que les enseñaron o heredaron del pinochetismo. Las imágenes que proyecta para los jóvenes también contienen extractos de documentales extranjeros, lo cual utiliza para confirmar lo hechos que él mismo ha narrado, de manera que resulten aun más creíbles para aquellos que no pueden creer la existencia de asesinatos y campos de concentración. Los jóvenes se convierten en portavoces de sus propios desconocimientos y develan con naturalidad lo que esta nueva visión les genera, comparten con el director sus diferencias, declaran haberse equivocado en cuanto a lo que pensaban y otros mantienen su postura. Todo ello implica demostrarles, más allá de los documentales, el hecho de la posibilidad de poder discernir que solamente otorga la democracia.
Guzmán regresa mediante símbolos al pasado que fue registrando en La batalla… por ejemplo, cuando filma la preparación de carabineros en el Estadio Nacional de Chile y su entrada al mismo para seguridad de un partido de fútbol. Entre los entrevistados, protagonistas de los sucesos, también se encuentra la esposa de Allende y el único familiar sobreviviente que tiene el director, su tío de unos ochenta años. La recurrencia a lo emotivo es uno de los ejes que podrían ponerse en discusión con respecto a la memoria y la historia, sin embargo la subjetividad del director como protagonista no es motivo suficiente como para no recorrer el documental con una mirada analítica seriamente enfocada.


Salvador Allende
“Esto es casi todo lo que queda de Salvador Allende…” narra la voz de Guzmán mientras el objetivo de la cámara se fija en la banda presidencial, una billetera, un reloj, el carnet del Partido Socialista. En este documental el director ofrece un recorrido por la vida del ex presidente chileno. “Salvador Allende marcó mi vida” (expresa Guzmán) y se evoca protagonista una vez más, argumentando que el pasado no pasa, que ha regresado y se ha detenido en el tiempo. El recuerdo, también a modo del flashback tan utilizado por el autor, enlaza el presente con el pasado, entrevistando a las personas más cercanas a Allende, sus colaboradores y algunas personas que fueron miembros de sus gabinetes. El documental sobre Allende no se distancia demasiado de La memoria obstinada desde el punto de vista de la propuesta de encarar la memoria histórica y política. Sólo que esta vez, el tema parte de la figura de Allende para ser colocado nuevamente en una sociedad que desconoce, según el director, la totalidad de los hechos que se sucedieron en los años setenta chilenos. Guzmán se pregunta cómo se puede ser revolucionario y demócrata a la vez, y las diversas respuestas que pueden contestar a esa interrogación son exploradas a través de los familiares de Allende, sus compañeros políticos, sus amigos más cercanos, las imágenes fijas que reconstruyen fotos y otros recuerdos personales del líder de la vía pacífica al socialismo. Cuando Guzmán intenta reconstruir lo ocurrido el día del golpe militar en la casa particular de la familia Allende, tratando de entrevistar a los vecinos para saber qué recuerdan acerca del saqueo que los militares hicieron en aquella casa, se encuentra con personas que no quieren hablar, le cierran la puerta o evaden la pregunta. Esto quizá resulta más explícito para el director que cualquier respuesta que hubiese podido obtener. La memoria no siempre es palabra, puede ser silencio y es justamente ese silencio el que lo dice todo. Tal vez lo más destacado del documental es la reconstrucción que logra Guzmán acerca de la participación de Estados Unidos en comunión con la derecha chilena para derrocar a Allende desde el momento de su asunción, en las entrevistas que va exponiendo por fragmentos al entonces embajador estadounidense en Chile. El lenguaje poético de Patricio Guzmán subraya los principales acontecimientos de la vida de Allende, cruzándolo con la historia que tocó a su tiempo y construyó su gobierno. El director lo hace regresando a fragmentos de sus documentales anteriores, en los cuales la realidad en blanco y negro reafirma el presente en color con que da cuenta de un proceso histórico único que Guzmán considera olvidado para gran parte de la sociedad chilena.

Fidel Castro y Salvador Allende. Cuba, 1971
Fidel Castro y Salvador Allende. Cuba, 1971

Conclusión
Recuperar la memoria del pasado histórico, social y político constituye la clave del cine documental de Patricio guzmán que se intenta analizar en el presente trabajo. Coincidimos con Jacqueline Mouesca cuando dice que La Batalla de Chile se ha convertido en el motor fundamental del género documental chileno y de mayor éxito en el mundo, siendo personaje y testigo de la historia que narra13. Si bien, Guzmán al darle voz al pueblo muestra las vertientes y discusiones en torno a la lucha pacífica o armada, no pone en cuestión en ningún momento la estrategia de vía pacífica al socialismo que intentaba construir Salvador Allende. Con un sentido estético prolijo, exacto acerca de cómo el impacto visual penetra en el espectador, Guzmán maneja el lenguaje cinematográfico en profunda conjunción con los sentimientos y los sentidos de manera que implícitamente indagará a los espectadores sobre sus propias creencias e ideas acerca de ese período histórico chileno. Como se ha afirmado, las voces del pueblo, la lucha de clase en las calles y en las urnas es una manifestación que constituye en los trabajos de Guzmán, un auténtico documento histórico. El reflejo del mismo se halla en La memoria obstinada y en Salvador Allende, documentales que re-construyen y asimilan los resultados de las luchas pasadas, las derrotas, las ausencias, las muertes, las presencias… todo lo que aun se deja oír atravesando los muros del olvido y del silencio impuestos por los años de la dictadura. “Todo documental sobre el pasado nos habla también del presente” como opina Andrés Di Tella14. Será por eso que Patricio Guzmán se introduce en la memoria sin buscar una re-visión sino una puesta en la escena social con La memoria obstinada y Salvador Allende, para derrotar al olvido.

*Universidad Nacional de Mar del Plata.
noelia.historia@gmail.com

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NOTAS

1 Brncic I., Moira. Marmaduke Grove: liderazgo ético. Chile: Ediciones Tierra Mía, 2003
2 De Ramón, A.: Breve Historia de Chile. Desde la invasión Incaica hasta nuestros días (1500-2000). Ed. Biblos. Bs.As. 2001.

3 Harnecker, Marta: La lucha de un pueblo sin armas (Los tres años de gobierno popular). Edición electrónica en http://www.rebelion.org 2003.
4 Patricio Guzmán, en entrevista por Jorge Ruffinelli. http://www.patricioguzman.com/index.php?page=entrevista

5 Garretón, Manuel A. y Tomás Moulián: La Unidad Popular y el conflicto político en Chile. CESOC. Santiago de Chile. 1993.

6 Israel, Ricardo: Chile 1970 – 1973. La democracia que se perdió entre todos. Ed. MN. Santiago de Chile. 2006.
7 Deleuze, Gilles: La imagen-movimiento. Estudios sobre cine I. Paidós. Bs.As. 2005.

8 Modak, Frida: Salvador Allende. Pensamiento y acción. FLACSO-CLACSO. Bs. As. 2008.
9 Patricio Guzman en Unidad Popular: la necesaria lucha por terminar con el capitalismo. Artículo publicado en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=91523 2009.

10 Dos Santos, T.: Problemas estratégicos y tácticos en la revolución socialista en América Latina. En AA.VV “El gobierno de Allende y la lucha por el socialismo en Chile”. UNAM. México. 1976.

11 Perona, Alberto: Ensayos sobre video, documental y cine. Ed. Brujas. Córdoba. 2010.
12 Moulián, Tomás: La Unidad Popular: fiesta, drama y derrota. FLACSO. s/f.

13 Mouesca, Jacqueline: El documental chileno. LOM ediciones. Santiago. 2005.

14 Di Tella, A. El documental y yo. En: Labaki, A. y María D. Mourao (comps.) “El cine de lo real”. Colihue. Bs.As. 2011.

Bibliografía
AA.VV “El gobierno de Allende y la lucha por el socialismo en Chile”. UNAM. México. 1976.
Brncic I., Moira. Marmaduke Grove: liderazgo ético. Chile: Ediciones Tierra Mía, 2003.
Costa, Antonio: Saber ver el cine. Paidós. Bs.As. 2007.
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Perona, Alberto: Ensayos sobre video, documental y cine. Ed. Brujas. Córdoba. 2010.
Vega, Alicia: Itinerario del cine documental chileno 1900-1990. Universidad Alberto Hurtado. Santiago. 2006.

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