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RAY HARRYHAUSEN y el sueño se hizo fantasía por Carlos Aguilar*


Ray Harry Hausen on set

Un redosaurio amenazando ciudades despavoridas.
Platillos volantes que pretenden desintegrar la Tierra. El
capitán Nemo encarado con un manojo de soldados nordistas
y un prisionero sudista, amén de dos damas inglesas,
en un islote pródigo en animales hostiles. Un pulpo
de tamaño colosal atacando la costa del Pacífico. El
incansable Simbad surcando tierras procelosas, superando
obstáculos naturales y sobrenaturales a fin de
cumplir misiones superlativas. Un selecto grupo de héroes
griegos, no siempre con el favor de sus propios dioses,
debatiéndose en el seno de una tierra antitética.
Vaqueros y científicos al alimón en un valle mexicano
donde los animales prehistóricos todavía existen. Perseo
dispuesto a rescatar a su amada Andrómeda. Los primeros
hombres en la Luna, que acaso no sean tales. Un
hórrido habitante de Venus aterrorizando Roma, “la ciudad
eterna”. Sin olvidar cierto pterodáctilo arrojando a
Raquel Welch, nada menos, de alimento para sus crías,
que graznan impacientes por el hambre en un nido gigantesco…
Así recogida, esta relación podría significar la apretada
y elocuente síntesis del calenturiento imaginario de
un niño, adolescente a lo sumo, nacido en los primeros
decenios del siglo XX y que no quiere estudiar. Ni siquiera
jugar con gente de su edad. Y se refugia, al unísono
altivo y tímido, con la frente húmeda a fuerza de alimentar
sin descanso tanto delirio, en su exclusivo, incluso
egoísta, mundo interior. Formado a base de reconfigurar
y seleccionar bajo una mirada propia las fábulas que prefiere
entre tantas urdidas por una pluraridad de genios
de la Ficción Fantástica, de diversas épocas y culturas.
Pues bien, soy incapaz de definir desde otro prisma la
entraña artística de Ray Harryhausen. Mas con una salvedad,
muy importante: ese chico fantasioso materializó
sus formidables gustos, en una filmografía coherente y
singular. Es decir, posibilitó que los otros chicos que así
lo quisieran compartieran su portentoso mundo. Jugaran
con sus juguetes. Con tanta convicción, en su personal
propuesta, como generosidad, al brindarla.
Y encima, logró vivir de ello. Lo cual supone el acceso
a la edad adulta ideal: convertir la afición en profesión.

EN NOMBRE DEL AUTOR
Irrefutablemente, en idéntica medida que tantos
directores gloriosos, Ray Harryhausen constituye un
autor. En la estricta acepción que encierra el concepto
dentro de la terminología fílmica; es decir, un cineasta
que establece un universo artístico propio.
Inmediatamente reconocible, a escala particular.

Perfectamente diferenciado, en la historia del cine.
Inconfundible, en todos los niveles.
Pero esta autoría no se ha manifestado a través de la
puesta en escena, aunque Harryhausen colaboraba estrechamente
con sus directores. Tampoco por medio del
guión, si bien nuestro homenajeado participaba en el libreto
en sus sucesivas fases, y a veces redactó la sinopsis inicial.
Antes bien, Harryhausen aunaba las funciones del productor
y el creador de los efectos especiales. Definiendo
escrupulosamente, desde tales cometidos, tanto el concepto
global de la película cuanto la forma técnica de plasmar
lo irreal. Por extensión, la personalidad de todos y cada uno
de los proyectos, según la preferencia antes resumida; es
decir, una serie de items que forman parte del grandioso
acervo del género fantástico ajeno al Horror.
FILMOGRAFÍA ESPECIALIZADA
Ray Harryhausen nace el 29 de junio de 1920, en Los
Angeles. Empero, para el Cine nace trece años después.
Específicamente, el día en que asiste por primera vez a
una proyección de la formidable King Kong (King Kong;
Ernest B. Schoedsack y Merian C. Cooper, 1933). Puesto
que tan ubérrimas imágenes despiertan vívidamente la
vocación del niño Harryhausen: los trucajes fabulosos, la
Animación espectacular, la Aventura Fantástica. Acto
seguido su vida se orienta firmemente en tan precisa
dirección, sin desviarse jamás.
De hecho, inmediatamente después ya efectúa sus
primeras intentonas amateur en el campo de la
Animación, en el garage familiar. Mejora progresivamente,
mientras lee con avidez novelas y comics de cienciaficción
y fantasía, sin perder estreno alguno del género.
Su formación, obviamente, vira por estos derroteros,
aportando teoría y técnica a su insaciable inquietud
artística: fotografía y escultura, primero y durante la adolescencia,
dirección artística y dramaturgia, acto seguido
y en la famosa USC.
A primeros de los años 40, el joven Harryhausen ya se
hace notar, gracias a su loable trabajo en una serie de
cortometrajes de Animación, globalmente denominada
The Puppetoons. De enorme importancia histórica, pues
inaugura la animación tridimensional en Estados Unidos
ofreciendo una alternativa a la hegemonía en el campo
de los dibujos animados, o sea el ya abrumador imperio
Walt Disney, The Puppetons es obra de un emigrante
europeo, George Pal. Desde entonces, Pal hablará con
voz propia en el campo del cine fantástico, por lo común
en su vertiente familiar.
Finalizada la Segunda Guerra Mundial, en la cual participa
en el Signal Corp, Harryhausen ya realiza y produce
sus propios cortos de Animación, a base de muñecos
articulados. Pocos años después, con tan apreciable
experiencia y formación, consigue debutar en el campo
del largometraje. Y encima trabajando justo para el responsable
de los efectos especiales de su reverenciadaKing Kong, el gran Willis O’Brien, que había colaborado
en uno de los cortos The Puppetons. Además, con vistas
a una especie de secuela tardía de tan especial obra
maestra, El gran gorila (Mighty Joe Young; Ernest B.
Schoedsack, 1949), que reconducía el exuberante film
original hacia un recoleto público familiar, con muy apreciable
resultado.


Acto seguido, empieza la filmografía de Ray
Harryhausen propiamente dicha. Es decir, en cuanto productor,
normalmente junto a Charles H. Schneer, y creador
de los efectos especiales visuales. Una filmografía
perfectamente definida mas, por desgracia, no muy
extensa, que abarca tres décadas, redondeando las
fechas, y voluntariamente se ciñe al Fantastique, escindiéndose
en dos bloques: la Ciencia Ficción y la Aventura
Fantástica.
El primer bloque consta de El monstruo de tiempos
remotos (The Beast from 20.000 Fathoms; Eugène Lourie,
1953), It Came from beneath the Sea (Robert Gordon, 1955),
Earth Vs. the Flying Saucers (Fred Sears, 1956), Twenty
Millions Miles to Earth (Nathan Juran, 1957), La isla misteriosa
(Mysterious Island; Cy Endfield, 1961) y La gran
sorpresa (The First Men in the Moon; Nathan Juran, 1964).
El segundo bloque está compuesto por Simbad y la princesa
(The Seventh Voyage of Sinbad; Nathan Juran, 1958),
Los viajes de Gulliver (The Three Worlds of Gulliver; Jack
Sher, 1960), Jasón y los argonautas (Jason and the
Argonauts; Don Chaffey, 1963), The Valley of Gwangi
(James O’Connelly, 1968), El viaje fantástico de Simbad
(The Golden Voyage of Simbad; Gordon Hessler, 1973),
Simbad y el ojo del tigre (Sinbad and the Eye of the Tiger;
Sam Wanamaker, 1977) y Furia de titanes (Clash of the
Titans; Desmond Davis, 1981). Conste asimismo una suerte
de “Harryhausen sin Harryhausen”, dado que a última
hora éste se desmarcó del proyecto, Jack the Giant Killer
(Nathan Juran, 1959), del mismo modo que su labor, producción
aparte, en cortometrajes y documentales, en cabeza el famoso The Animal World (Irwin Allen, 1955), así

como en la justamente célebre producción Hammer Hace
un millón de años (One Million Years B.C.; Don Chaffey,
1966), película, por ende, de una índole distinta pero no
menos estimable; personalmente, me encanta su combinación
de tragedia griega, Heroic Fantasy, regodeo sadoerótico
y prehistórico Romeo y Julieta.
Comparativamente, el apartado Ciencia Ficción sin
duda reviste menos interés en la filmografía de
Harryhausen. Empero, cuenta con más de un título memorable,
incluso relevante. Sin ir más lejos el primero, El
monstruo de tiempos remotos, dado que, reconociendo
algún que otro antecedente parcial, abre una nueva vía
genérica (el enfrentamiento entre un mastodóntico superviviente
de épocas antidiludivanas y la despavorida
Humanidad, a ser posible urbano) y abunda en momentos
estupendos: el monstruo entre los hielos, atacando un
batiscafo bajo el mar o tomando un faro por su congénere
(eje, por cierto, del cuento que inspiró a los guionistas, El
faro, original de nada menos que Ray Bradbury, uno de los
primeros y más fieles amigos de Harryhausen). Asimismo,
Earth Vs. the Flying Saucers sobresale por todos los conceptos
dentro de la oleada de Ciencia Ficción xenófoboparanoica
de la época y Twenty Millions Miles to Earth,
con ecos del japonés kaiju eiga nacido justo de El monstruo
de tiempos remotos, ya deja entrever la fascinación
de Harryhausen por la cultura europea, según un guión
más ingenioso de lo usual en las Monster Movies de Serie
B del Hollywood coetáneo y con un tratamiento que por
más de un concepto, de los vaivenes argumentales a las
propuestas visuales, anuncia la inminente plenitud del
autor en la Fantasía Oriental. Por último, La isla misteriosa
representa uno de los más populares aciertos de
Harryhausen, y, retomando el magnífico personaje vernesco
del idealista capitán Nemo, resiste la comparación con
el clásico Veinte mil leguas de viaje submarino (20.000
Leagues under the Sea; Richard Fleischer, 1954).
El bloque Aventura Fantástica, empero, irrefutablemente
brilla en especial dentro de la trayectoria de
Harryhausen. Por su característico modo de particularizar
las cualidades del género, dentro de las dos variantes
que mejor se adaptan a la preferencia y criterio del
autor: la mitología griega y Las mil y una noches, homologadas
desde el propio sustrato.

En la dramaturgia de este bloque, así pues, por sistema
los personajes son unívocos (héroes guapos e incorruptibles
contra villanos feos e irredimibles), la violencia
es inocua y el erotismo inexistente, modificando
respecto a todo ello lo que sea menester en las correspondientes
fuentes de inspiración, harto más escabrosas
en todos los sentidos.
Dentro del apartado mitológico, no obstante, el
cenit, en particular, estriba en Jasón y los argonautas,
que igualmente constituye una de las obras maestras,
en general, de Harryhausen. A partir del libro de
Apolonio de Rodas, esta película plasma con una fortuna
singular el encanto de la épica legendaria griega,
y representa una peculiar aportación/reformulación
con respecto al entonces declinante Peplum mediterráneo,
que ya había adaptado varias veces la misma
leyenda en manos de los directores Pietro Francisci y
Riccardo Freda. Mediante ironía cariñosa en su visión
del Olimpo, mas guardando en todo momento el tono
justo, Jasón y los argonautas es pródiga en secuencias
y creaciones fenomenales (la Hydra multicéfala,
el ejército de esqueletos en lid con los argonautas, el
gigante Talos resucitando, Poseidón ensanchando la
senda marítima de los héroes entre dos barrancos).
Por desgracia, la posterior Furia de titanes – pese a
contar con un presupuesto muy superior y uno de los
guionistas de la propia Jasón y los argonautas,
Beverly Cross – supone una decepción, aunque no es
indigna ni de la bella leyenda que recrea ni, por
supuesto, de la categoría de Harryhausen.
Dentro de la Fantasía Oriental, la aportación de
Harryhausen se concreta en una trilogía sobre el marino
Simbad, creado en Las mil y una noches, hito de la literatura
árabe que constituye uno de los textos fantastique
de mayor exuberancia. Harryhausen no introduce en el
cine a Simbad, ni mucho menos, pero sí es el primer
cineasta que lo enmarca dentro de un contexto plenamente
fantástico, absolutamente feérico. Es más, la primera
entrega de la trilogía, Simbad y la princesa, revitalizó
bajo esta óptica el entonces alicaído género de la
Fantasía Oriental, renovando sus fastos de antaño, es
decir las dos primeras versiones de El ladrón de Bagdad,
americana y muda la una, e inglesa y sonora la otra.
Harryhausen escogió el título, original se entiende, de El
séptimo viaje de Simbad debido a la universal resonancia
mágica del número 7, a sabiendas de que Las mil y
una noches narra justo siete viajes del héroe y la trama
de este último en nada se parece al guión del film; igualmente,
la historia sazona la Fantasía Oriental con rasgos
de mitología griega y cuento de hadas centroeuropeo, a
lo largo de un desarrollo precioso que no decae nunca.
Quince años después, El viaje fantástico de Simbad
surge del loable propósito de superar Simbad y la princesa,
en un momento en que la Fantasía Oriental había
vuelto a decaer dentro de la producción fílmica. Pues
bien, Harryhausen logró su objetivo gracias a una mayor
riqueza conceptual, que parte de un guión magnífico,
coescrito por el ingenioso Brian Clemens, y seduce en

un trazado escenográfico que reúne la cultura musulmana
con la hindú; también el reparto es superior, encabezado
por el carismático John Phillip Law, sin duda el
mejor Simbad de la historia del cine, una Caroline Munro
perfecta en su fusión de recato y carnalidad y Tom Baker
en un estupendo personaje de hechicero que sufre y va
consumiéndose en cada nuevo maleficio, como si fuera
a la par Dorian Gray y su retrato. El éxito internacional
que obtiene esta gran película causa un nuevo resurgir
del género, incluyendo la reposición de Simbad y la princesa:
recuerdo con infinita nostalgia una visión juvenil de
ambas películas en programa doble, en un extinto cine
madrileño con programación familiar, “Espronceda”… Al
socaire de este triunfo, Harryhausen propone el precipitado
Simbad y el ojo del tigre, que aun revelando las virtudes
esenciales del autor, defrauda por un planteamiento
argumental pobre y su falta de ritmo; Patrick Wayne,
cachorro de John, relevaba a los previos Kerwin
Matthews y John Phillip Law en el rol de Simbad.
Ciencia Ficción y Fantasía Oriental aparte,
Harryhausen brinda dos películas más. La una es Los
viajes de Gulliver, una adaptación de la novela homónima
de Jonathan Swift que edulcora el sentido crítico del
original, y hasta la propia idiosincrasia de Harryhausen,
con el protagonismo del antedicho Kerwin Matthews. Y
la otra The Valley of Gwangi, un proyecto de Willis
O’Brien en los años 40, que Harryhausen plasmó cegado
por el cariñoso fin de materializar como fuera la vieja ilusión
de su maestro; deliciosamente loca en su planteamiento
– cruzar las premisas de El mundo perdido y King
Kong en el crepúsculo del West – The Valley of Gwangi
carece de convicción pero encanta por suponer una
rareza fuera de contexto, y ofrece momentos tan delirantes
como la lucha entre un elefante y un dinosaurio en
una plaza de toros.
UN ARTISTA, UN CINE
La pluraridad de directores convocados (adviértase que
sólo repite Nathan Juran) de ningún modo empaña la uniformidad
de la filmografía de Ray Harryhausen. En absoluto.
Insisto en que las películas de Harryhausen revelan
un único y verdadero autor: Harryhausen. Mediante su
perspectiva, como productor, y estilo, en cuanto técnico,
aunados en una propuesta específica, cuya propiedad
no conoce parangón en la historia del cine. Con la excepción,
hasta cierto punto, de George Pal, con quien, repito,
Harryhausen colaborara en los inicios de ambos,
antes de que cada cual emprendiera su propia vía.
Ahora bien, ¿cuál es exactamente la perspectiva específica
de Ray Harryhausen? Al captarla se profundiza hasta
el introito de su obra, su sentido último: una óptica maravillosamente
ilusionada, que ni sabe ni quiere saber dónde
acaba lo verdadero y dónde comienza lo irreal. Expresado
con otros términos, un sentido imaginativo elemental, pero

en la más alta y filosófica acepción del concepto. Así, en la
filmografía de Harryhausen lo fantástico jamás entraña una
ruptura racional o una discordancia natural, puesto que
pertenece a la realidad. Nunca cambia el tono de modo
drástico cuando irrumpen los seres fantásticos, porque los
personajes no revelan dificultades para asimilar lo teóricamente
imposible. Todo puede suceder. Y todo, en efecto,
sucede, con la mayor, literalmente, naturalidad.
Es imprescindible señalar que, aun partiendo de unas
fuentes culturales célebres y definidas, contrastadas,
Harryhausen nunca ha sacrificado su especial sentido de lo
fantástico. Es decir, sus criaturas, a la par que conservan
las reconocibles y hasta exigibles propiedades descritas en
los textos griegos o árabes, incorporan unos rasgos propios,
inesperados. Muchas veces según un criterio híbrido,
combinando dos, y hasta más, seres fabulosos. Por lo cual
un cíclope o un roc, por ejemplo, en un film de Harryhausen
guardan las descripciones primordiales a la vez que resultan
peculiares. Sobra añadir que con base en esta norma
apenas hay monsters en la obra de Harryhausen que respondan
al triste recurso del “animal doméstico aumentado
de tamaño”. Al contrario, los seres fantásticos de nuestro
autor son singulares e insólitos, confirmen una morfología
afianzada o nazcan por completo de su inventiva. E igualmente
a causa de esto revelan manías, humor, alma… o sea,
una personalidad. Por ende, alardean de su fortaleza y
malignidad cuando irrumpen, recreándose en ellas antes
de atacar. Sufren al ser heridos de muerte, a lo largo de
patéticas agonías. Y en algún momento luchan dos de ellos,
con la mayor aparatosidad posible.
Las películas de Harryhausen, en definitiva, se articulan
a base de encanto imaginativo e irrealidad épica, a lo
largo de unos desarrollos itinerantes que aúnan la economía
narrativa con un gusto visual que manifiesta preferencia
estética por el eclecticismo, sin consentir disonancia
alguna a lo largo del metraje. Traza pues esta
filmografía una especie de arrebatado, uniforme y
embriagador (en)sueño primigenio. El cual, en un primer
nivel, atiende la expectativa de esparcimiento de un
público familiar, mientras en un grado más hondo, literalmente
subconsciente, busca todos los adultos que

hemos rechazado el imperativo psicológico-social de la
llamada “madurez”. Considerando que la virtud última de
Harryhausen estriba en el entusiasmo y el convencimiento
respecto al mágico trabajo propio, este segundo
significado antedicho se identifica naturalmente con el
imaginario ingénito del espectador favorable.
Entonces, ¿hablamos de un Peter Pan del Cine recabando
la adhesión de seres afines, mientras fabrica
entretenimiento para las familias? Por lo menos yo lo
valoro así: Harryhausen cree realmente lo que cuenta. Él
se lo cree, y sus auténticos admiradores participan a
ciegas de esta sublime creencia.
CREANDO VIDA
La especial perspectiva de Harryhausen habla con
armonía desde su no menos especial técnica.
Explicado a grandes rasgos, el primer paso de su sistema
operativo, una vez trazado el argumento, consistía en dibujar
los planos y encuadres principales, una especie de Story
Board. Por cierto, estos dibujos, recogidos en libros y documentales,
desbordan belleza y expresividad, y constituyen
arte en sí mismos, evidenciando soberanamente la formación
y sensibilidad artísticas de su autor. La fase cardinal,
empero, radica en el sistema propio de efectos especiales,
denominado Dynarama. Consiste, explicado bastamente, en
construir a base de yeso y/o otros materiales en tamaño
reducido las figuras inhumanas, para acto seguido animarlas
mediante el procedimiento Stop Motion. O sea fotograma
a fotograma, filmando una toma por cada movimiento; esto
implica que era preciso hacer veinticuatro animaciones únicamente
para conseguir un segundo de película… Después
estas miniaturas, mediante los correspondientes trucajes
ópticos, crecen hasta el tamaño necesario y cuidadosamente
se relacionan a conveniencia con los intérpretes, filmados
aparte. Este sistema, además de su enorme encanto artesanal,
manifiesta la virtud fundamental de conferir a los personajes
fantásticos su propia y personal dinámica, y,
Harryhausen mediante, ha aportado en la historia del cine
fantástico un elevado número de momentos fascinantes y
característicos, tanto en los enfrentamientos entre hombres
y monstruos cuanto en las luchas entre toda índole de seres
fantásticos, siempre al ritmo de espléndidas bandas sonoras,
sobre todo las del gran Bernard Herrmann.
Debe destacarse que casi todas las películas de
Harryhausen fueron rodadas mediante planes de trabajo
bastante ajustados y sin malgastar metraje. En muchos
casos, por cierto, España asumió la mayor parte de los exteriores,
incluso repitiendo localizaciones (Mallorca, Almería,
la Costa Brava, el norte de Madrid), y a veces hasta los interiores.
Lógicamente, importantes técnicos de nuestro cine
han trabajado a sus órdenes, en particular los escenógrafos
Gil Parrondo y Fernando González.

EL ÚLTIMO, EL ÚNICO
Forzado por “el signo de los tiempos” a dejar la profesión
en la que volcara apasionadamente su vida, tras Furia de
titanes, y renunciando dolorosamente a plasmar sus
siguientes proyectos – entre éstos, nuevas aventuras de
Simbad y adaptaciones de nada menos que La Odisea y La
divina comedia – Harryhausen desde entonces robustece
progresivamente su condición de intocable mito del Cine.
Como suele ocurrir, a menor trabajo mayor reputación.
Películas diversas incorporan, a modo de guiño
cinéfilo, seres sobrenaturales animados en su estilo –
verbigracia Star Crash (Star Crash; Luigi Cozzi, 1979) y
El ejército de las tinieblas (Army of Darkness: Evil
Dead 3; Sam Raimi, 1992) – y hasta referencias directas,
notablemente en Monstruos SA (Monsters Inc;
Peter Docter, David Silverman y Lee Unkrich, 2001),
donde aparece un restaurante llamado con su nombre.
Por no añadir sus cameos, particularmente en el remake
de El gran gorila, Mi gran amigo Joe (Mighty Joe
Young; Ron Underwood, 1999), o a las órdenes de uno
de sus mayores fans, John Landis. Empero, con una
mención particular hacia los espléndidos libros que
recogen su obra, del Film Fantasy Scrapbook (1972) al
reciente, exhaustivo e impresionante Ray
Harryhausen. An Animated Life (2003). Claro que, si de
libros hablamos debe agregarse que su eterno amigo
Ray Bradbury convirtió a Harryhausen en uno de los
protagonistas de su surrealista novela Cementerio
para lunáticos, publicada en 1990.
Significa ya Ray Harryhausen, en definitiva, una leyenda
del Séptimo Arte. Puesto que su obra, nunca pretenciosa
ni petulante y siempre impecablemente honesta,
además desarrollada por lo común dentro de unos

márgenes industriales casi de Serie B, cuenta con un
espacio singular y eminente en la historia del Cine. Y,
como todas las propuestas artísticas realmente personales,
no admite copias ni prolongaciones: es única.
Personalmente, debo al arte de Ray Harryhausen el
despertar de gran parte del Sentido de la Maravilla hacia
el cual he encarrilado mi vida profesional como escritor.
Admirando una y otra vez sus películas en los entrañables
programas dobles de los extintos cines de barrio de
mi Madrid natal. Junto a familiares, primeras amistades,
o mi entonces novia y actualmente difunta mujer, Julia.
Recuerdo incluso la colección de cromos de Simbad y la
princesa, publicada por una marca de chocolate…
Significa mucho y bueno, pues, el cine de Ray
Harryhausen para mí. Él no puede saber cuánto.
Tuve la suerte de conocerle, y entrevistarle para la desaparecida
revista “Video Actualidad”, en Sitges en 1985. He
vuelto a hablar con él mucho más tarde, en el pasado 2003;
pero Harryhausen, lógicamente, no se acordaba de mí.
En este año 2004, John Phillip Law, protagonista de El
viaje fantástico de Simbad, película por la que siento un
cariño muy especial, me hizo el honor de escribir el prólogo
de mi libro El cine fantástico de aventuras, así como
de presentarlo en Málaga. Libro cuya portada, por
supuesto, ocupa un fotograma de El viaje fantástico de
Simbad, en la formidable escena en que Caroline Munro
y Law luchan contra una de las mejores creaciones de
Harryhausen, un híbrido de centauro y cíclope.
Y ahora, el Museo de Bellas Artes de Bilbao me brinda
la deliciosa oportunidad de escribir este breve homenaje
a Harryhausen… Es demasiado. Por lo cual ya sólo
puedo añadir: gracias, gracias a todos. Recordando
inevitablemente esa máxima, cuyo autor por desgracia
he olvidado, que afirma “Somos lo que hemos sido”.

 

BIBLIOGRAFÍA

Aupperle, Jim, Maylone, Bill y Webber, Roy P.: The Dinosaur Films of Ray Harryhausen: Features, Early 16 mm Experiments and Unrealized Projects.
McFarland & Company, Jefferson (North Carolina), 2004.
Bradbury, Ray y Harryhausen, Ray: Dinosaur Tales. Sagebrush Education Resources, Minneapolis (Minnesota) , 2003
Giesen, Rolf: Sagenhafte Welten: der Trickspezialist Ray Harryhausen. Deutsches Filmmuseum, Frankfurt am Main, 1988
Hardy, Phil: The Aurum Film Encyclopedia of Science-Fiction. Aurum PressLtd., London 1984
Harryhausen, Ray & Dalton, Tony: Ray Harryhausen, an animated life. Aurum Press Ltd., London, 2003
Harryhausen, Ray: Ray Harryhausen Film Fantasy Scrapbook. A.S. Barnes, Cranbury (New Jersey), 1972
Rovin, Jeff: From the Land Beyond Beyond: The Films of Willis O’Brien and RayHarryhausen. Berkley Pub Group, California, 1977
Searles, Raird: Films of science fiction and fantasy. AFI Press, New York, 1988
Shipman, David: Science fiction Films. Hamlyn Publishing, Middlesex, 1985
Torres, Sara: Todos eran sus hijos: Ray Harryhausen. En Nosferatu nº 14/15
VV.AA.: Reference Guide to Fantastic Films, Science Fiction, Fantasy and Horror, Vol. 2. Chelsea-Lee Books, London, 1973.

*Cortesia de Museo de Bellas Artes de Bilbao. Cinemateca. España, 2004. Págs. 3 a 12.

 

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