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Klip, 2012 (Maja Milos): la violencia distante de lo grotesco por Aarón de la Rosa


La verdadera violencia es mucho más impresionante de lejos: una pelea en la calle es más violenta que todo lo que vemos en el cine americano. BERTRAND BLIER

En los últimos años el cine no comercial, atrevido y experimental se ha transformado con el reciente movimiento del “extremismo social europeo” cuyas películas han marcado una nueva y cambiante factura cinematográfica con directores desde Haneke, los hermanos Dardenne, Loach, hasta Meadows, Arnold, Moodysson, Kozole, Puiu, Losnitza y la reciente directora debutante Maja Milos con Klip, largometraje de Serbia.

No olvidemos que Serbia ya había marcado un precedente polémico con el director  Srdjan Spasojevic y su filme “A Serbian Film” cuya temática le había empujado a la censura en varias corridas festivaleras por su alto contenido pornográfico, violento pero que no carecía de poéticos y sofisticados recursos visuales y narrativos para abordar la industria del cine porno extremo ó snuff. Esta película marco un hito interesante para el cine extremo cuya combinación del terror y la pornografía no se alejaba de lo artístico y lo reflexivo para el espectador. En una sociedad contemporánea cada vez más decadente y menos abierta a propuestas fílmicas propositivas, el extremismo social europeo  obedece a representar el lado obscuro de la humanidad. Maja Milos es parte de esta nueva beta discursiva de la cama cineasta proveniente de Belgrado. Klip es para la casa productora Film House Bas Celik una apuesta más realista que su antecesora producción Slovenka (Damjan Kozole) cuya storyline retrata la vida de bellas jóvenes de clase media baja con entornos familiares adversos, que confrontan y sufren los problemas emocionales y económicos, construyendo una poética hiperrealista de lo que están padeciendo los jóvenes en muchas partes del mundo.

JASNA & DJOLE: la ambigüedad del amor contemporáneo

Klip retrata la vida de la joven Jasna (Isidora Simjonović), habitante de las afueras de Belgrado, con un Padre alcohólico de familia visceral, su recurrente ausentismo, la necesidad de videograbarse con su celular, las fiestas y las drogas construyen el paisaje social donde ella y sus amigas van desgranando este drama de corte realista. El conflicto central aparece cuando Jasna se enamora de un chico mayor que ella, Djole (Vukašin Jasnić). Violento, distante y agresivo la utiliza como juguete sexual sin afecto alguno la edifica como estrella porno intensificando las escenas sexuales del filme donde la estética sucia y promiscua va acorde a la factura del celular que los graba: primer recurso que Milos emplea para narrar, en ocasiones al estilo de video diario, a una solitaria protagonista, demandante de cariño incluso la fotografía perfila esta sobria condición emocional de sus personajes con las locaciones.

A lo largo de esta historia Milos centra la atención narrativa en cómo Jasna sufre y vive la extraña forma de amor que le brinda Djole, sin atenciones, cruda, corporal, donde los encuentros sexuales constituyen el principal mensaje a la audiencia: el sexo puede ser el mayor vínculo anti-amoroso que en nuestros días se puede ofrecer al “otro”.

Lipovestky dice que en “El cine hipermoderno muestra a

las personas tal como se presentan con su forma única de comportarse:

es su verdad, por grotesca, extraña e inexplicable que

sea, en una superficie que no es en modo alguno superficialidad.” (pp. 107)  

La era digital y las nuevas tecnologías, la celeridad en cómo las circunstancias más cotidianas de la gente se vuelven públicas son la carta fuerte de esta nueva expresión humana: poseer prestigio banal en las redes sociales. Jasna metaforiza lo que se han transformado las relaciones humanas en estos días, grotescas y extrañas, superficiales pero contundentes por que Jasna admira a Djole por lo que representa en su entorno, las drogas y las fiestas son el estatus quo de la jerarquía social que toda joven persigue al encontrar su identidad. Los encuentros sexuales deben ser explícitos para profundizar lo que está sucediendo entre Jasna y Djole.

Bertrand Blier menciona “…no creo que realmente exista una gramática del cineasta. Dos directores filmaran de diferente manera una misma escena. Uno utilizará un primer plano, otro un plano general, y ambos tendrán razón. La única regla consiste en evitar el pleonasmo, es decir, ilustrar la imagen con algo que hemos dicho de otro modo. Tomemos, por ejemplo, el caso de un puñetazo en l acara: a priori, tendemos a filmarlo de cerca, en plano-contraplano, de manera muy brusca. Ahora bien, creo que es mucho más interesante, e incluso más eficaz, en plano general.” (pp. 28).

Para el maestro Blier el plano general es más eficaz e interesante para mostrar la violencia en el cine, Milos ubica esta violencia desde la puesta en escena con cámara en mano (donde las escenas más fuertes se utilizaron dobles) para desentrañar lo más profundo de la psique amorosa: el sadismo. Jasna y Djole endurecen la evasión a los diálogos sentimentaloides incluso las escenas más mundanas en la casa de Jasna con su madre se sienten crudas pues lo único que importa es el placer sexual del encuentro humano.

La historia decrece de un guión poco estructurado a la manera más tradicional de un novel género fílmico pues se cuenta desde un hiperrealismo feo y poco atractivo para el mainstream, sin embargo, es audaz en las actuaciones de la joven Isidora e inexperta cuyo papel encaja muy bien, como ella trae todo el peso dramático es permisible y convincente la confección de su personaje: frustrada, apática,  en busca de amor y con la incertidumbre del destino que le depara.

Hace varios años atrás Catherine Breillat había mostrado el lado obscuro del amor con Parfait amour! (1996) cuya decadencia emocional entre una señora de edad y su pareja 10 años más joven pasan del romanticismo a la violencia física y psicológica, para el final de Klip Milos termina su historia con algo similar, en una fiesta, Jasna y Djole alejados por los desencuentros amorosos se vuelven a unir bajo los golpes de una extraña forma de expresar el amor, ya lo decía Eric Rohmer en sus cuentos morales:  “En una historia de amor, hay forzosamente un hombre y una mujer. Pero si hay un hombre y una mujer, no resulta muy dramático: o en todo caso, tendría que entrar en juego los estorbos: la sociedad, etc.” (pp. 56).

Bibliografía

Lipovetsky, Gilles y Jean Lerroy. La pantalla global. Cultura mediática y cine en la era hipermoderna. Trad. Antonio-Prometeo Moya. Barcelona, Anagrama, 2009.

Rohmer, Eric y Pier Paolo Pasolini. Cine de poesía contra cine de prosa. Barcelona, Anagrama, 1970.

 Tirard, Laurent. Más Lecciones de cine. Entrevistas a cargo de Laurent Tirard. Argentina, Paidós, 2008.

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