aloach

El cine de Ken Loach por Juan Carlos Domene*


Kenneth Loach es un director británico que probablemente goza de mayor
reconocimiento en España que en su propio país.A sus últimas películas dedicamos
el presente cuaderno. Es una propuesta más temática que cinematográfica,
destinada al trabajo en grupos, a la utilización didáctica en el aula y sobre todo
a la animación socio-cultural. Son sus filmes unas producciones que ofrecen una
particular lectura de la situación social y política.
Nació el 17 de junio de 1936 en Nuneaton,Warwickshire, Inglaterra y fue el
primero de su familia en llegar a la Universidad, donde estudió Derecho.Al poco
tiempo se interesó por las artes escénicas, acercándose primero al teatro, pero
poco después contactó con el mundo audiovisual y consiguió una beca en la BBC
donde se inició en la dirección. Desde los años 60 se dedicó a la realización de
programas documentales de fuerte crítica social obteniendo con ellos gran
notoriedad. Éste es el caso de Cathy Come Home (1966) donde muestra la vida
de las personas sin techo. Desde entonces y hasta principios de los años 80
trabajó simultáneamente en cine y televisión. Como documental también destaca
The Big Flame (1969) donde muestra a los trabajadores portuarios de Liverpool.
Realizó una serie televisiva, Days of Hope (1975), sobre los hechos que llevaron
a la huelga de 1926. En los años 80, con Margaret Thatcher en el poder, creció
el desempleo y se recortaron los presupuestos para la cultura y Ken Loach, igual
que otros realizadores, se enfrentó duramente a esta política. El Channel Four
prohibió sus documentales A Question of Leadership, con los que combatía al
thatcherismo. Esta producción todavía hoy permanece inédita.

Desde sus inicios simultaneó su trabajo en televisión
con algunas producciones cinematográficas como
Poor cow (1967), Kes (1969), Family life (1972), Black
jack (1979), Looks and smiles (1981) Fatherland (1986).
Todas las películas siguientes -de gran reconocimiento
internacional- son reseñadas en este Cuaderno.A
esta lista habría que añadir su colaboración de 11
minutos en una producción múltiple sobre el 11-S
de otros tantos directores de renombre internacional.
Fílmicamente su narrativa es impecable y su producción está muy cuidada; su
escenografía es simple y pone de manifiesto un trágico impresionismo. Su cine
resulta muy actual en la forma de decir porque proviene del medio televisivo
y eso le proporciona agilidad y le hace más veraz, aunque nunca provoque una
lágrima fácil. Cuenta tragedias que no están dirigidas al corazón, porque convocan
más al pensamiento y a la reflexión que a las emociones.Mucha gente no soporta
este cine porque les exige complicarse la vida y no parece que estén dispuestos
a pensar la realidad. Lo decisivo en sus obras son el guión y la narración fílmica,
y no destaca por los efectos especiales, ni por los maquillajes, ni por grandes
escenarios o decorados, ni tampoco por unas músicas excepcionales.
Su forma de realizar las películas es algo particular. Siempre elige un guión bien
preparado, pieza clave en su cinematografía, pero sus actores -generalmente
inexpertos- lo desconocen y están obligados a improvisar para conseguir
realismo y veracidad. El actor preferiblemente debe estar cerca de las experiencias
de aquél que protagoniza. La película la suele rodar en orden cronológico, cosa
muy poco habitual, y apenas hay ensayos.


Los temas del cine de Loach son siempre dramáticos, pero no exentos de toques
de humor. No es el genial humor británico -sutil, estudiado y ajeno al mundo
mediterráneo- sino el humor de la propia vida, de aquellos que no tienen nada
que perder. Se reviven situaciones que divierten a través de una técnica perfecta
y que hacen pensar más allá de la pura diversión.A su vez, es importante leer
su cine desde la tradición dramática que recrea los mitos en lo cotidiano. Esta
virtud, algo posmoderna, le hace muy comprensible hoy. No es un discurso
intemporal, genérico y por ello irreal; sus personajes son vecinos nuestros. Sus
películas parecen documentales y son didácticas a veces en exceso, pero ¿no
es la acción de mostrar una forma de enseñar y no es el ejercicio de ver una
forma de aprender?

Los excluidos del
bienestar: la mirada radical
Para muchos comentaristas este “estilo Loach” podría denominarse “la mirada
radical”. Radical es la persona que quiere reformas en profundidad del sistema
democrático y que clama por la transformación de la realidad social; radical es
también aquél que no se queda en los síntomas sino que llega hasta las raíces de
los problemas y allí pretende aportar soluciones. Loach mira radicalmente a los
excluidos de la sociedad del bienestar.
Sus filmes son de extracción documental y generalmente dramáticos, pero muy
asentados en lo cotidiano. Para muchos, pecan de didactismo e historicismo,
ideológico y moral. Sus películas no te dicen lo que tienes que hacer, pero te
mueven a tomar partido. No son maniqueas, donde los obreros y los pobres son
los buenos, buenísimos, y los dirigentes políticos y empresarios los malos,malísimos.
Hay mucha más crítica al aparato administrativo, social y político, que al núcleo
económico o mediático. Se denuncia sobre todo la ineficacia del sistema. Las
mujeres, los parados, los inmigrantes y los jóvenes son especialmente mimados
por su cámara.Todas las instituciones tradicionales llamadas a defender a la clase
trabajadora (ideologías, partidos de izquierda, sindicatos, etc.) son especialmente
interpeladas por su mirada radical. La tradición religiosa -anglicana o católica- es
bien tratada en sus películas especialmente cuando en su tarea se acerca a los
excluidos.
Sus películas recuerdan el neorrealismo italiano, pero van más allá. Su cámara se
vuelve sobre nosotros para mostrar una realidad cercana, pero ignorada. Resulta
estremecedor ver los problemas en primer plano. Europa ha desmantelado poco
a poco el Estado del Bienestar, y como consecuencia, surge una nueva generación
de perdedores. Loach elige como protagonistas de sus filmes a los que viven en
carne propia esta crisis: parados de larga duración, mujeres maltratadas que no
pueden emanciparse, inmigrantes con papeles o sin ellos, ideologías caducas y a

la vez llenas de sentido, adolescentes carne de cañón, partidos políticos en crisis,
sindicatos aburguesados y excluidos de rostro diverso.Generalmente, su filmografía
mira a las víctimas de la crisis a partir de historias sacadas de la vida real.
Ken Loach, con maestría, hace ver que los pobres, aun cuando pobres, no son
ángeles. Refleja su obra que una dura explotación que sufren los obreros es
causada por los propios obreros, especialmente por los cuadros intermedios.
También desvela que los más pobres, los que no llegan a fin de mes e incluso
roban para comer, se dejan seducir igualmente por el consumismo envolvente.
En todas sus películas, y en medio de la tragedia radical, siempre hay un espacio
para el amor, para la fiesta, para el baile, para los cantos y los himnos. Este director
es un poeta que exalta la dignidad del ser humano, que cree en el amor, que
apuesta por la ternura y la familia como espacios genuinamente humanos donde
el individuo -machacado por el sistema- pueda, después de tocar fondo, salir hacia
adelante, o al menos intentarlo de nuevo.
Comenzaremos la serie con la película Hidden Agenda (1990) que le valió al
director su reconocimiento internacional y que muestra la corrupción interna
de un sistema político que, con tal de perpetuarse, convierte al estado democrático
en un estado policial. En una escena del filme apunta el propio director que pronto
se dedicaría a los derechos civiles, verdadero tema de las siguientes películas. Más
allá del caso irlandés, la película refleja las conexiones internacionales que provocan
víctimas políticas.


En Riff-Raff (1990) la mirada de Loach se centra en los trabajadores clandestinos
e itinerantes, subcontratados o puramente ilegales, sin protección o seguro, sin
conciencia de su situación y sin salida. Lo único que permite sobrevivir a estos
excluidos es el amor y, más aún, el sentido del humor. Son las víctimas sin techo
que construyen casas que nunca habitarán. Con fuerza también están reflejadas
las víctimas de la droga.
Al ver Lloviendo piedras (1993) nos meteremos durante hora y media en la piel
de un parado de más de cuarenta años. ¿Por qué no pensar -con esta película- lo
caro que puede resultar un“traje de comunión” o cualquier necesidad innecesaria?
Muchos excluidos como Bob están al borde de la delincuencia, o se meten de
lleno en ella, aunque sólo se libren de la cárcel por pura suerte o por pura
casualidad.
También es muy recomendable Ladybird, ladybird (1994). La cámara de Loach
permite descubrir la fuerza femenina y la rebeldía que puede llevar consigo la
maternidad. Con ella se aprende que el sistema de protección social, igual que

el jurídico o el académico, cometen fallos que destrozan la vida de la gente y que
son irreparables. En la cadena de exclusión el último eslabón es para la mujer, que
aquí es doblemente víctima del hombre y de los servicios sociales.
Ken Loach proyectó su mirada radical sobre la Guerra de España en Tierra y
Libertad (1995). ¿Es verdad que han muerto las ideologías y que no hay salida para
la revolución? ¿Es éste, el nuestro, el mejor de los mundos posibles? ¿Recibirán
las nuevas generaciones el testigo de la memoria utópica? La víctima alegorizada
en esta película es la propia ideología, el sistema de ideas y la utopía.
Con La canción de Carla (1996) este director recapituló muchos de sus temas
clásicos, especialmente su sensibilidad latinoamericana. ¿Qué queda hoy de la
revolución sandinista? ¿Cómo revivir la fuerza revolucionaria en las clases populares
de los países desarrollados? ¿Está maduro nuestro mundo para un cambio social
y económico en profundidad o sólo hay salida para el pensamiento único?
En 1998 se estrenó Mi nombre es Joe.Volvió a poner este director sobre la mesa
la realidad del desempleo, el alcoholismo y el tráfico de drogas. Junto a estos
submundos se abre paso la esperanza, el amor y la capacidad de lucha. Para los
excluidos, el único y quizá el último patrimonio de una persona es su dignidad.
De nuevo es retratado el individuo víctima del sistema y luchador incansable
frente a él.
Pan y Rosas apareció en 1999. Fue su primera película realizada en Estados Unidos
donde dio a contemplar la realidad de los emigrantes hispanos en la ciudad de
Los Ángeles. No tienen vacaciones ni servicio médico y el sueldo les es retenido
durante meses hasta legalizar su situación. Ellos están a merced de los empresarios
hasta que consiguen demostrar que, unidos, no serán vencidos. Como tantas
veces, el final no es feliz.


En La Cuadrilla (2001) se contemplan los estragos de la privatización de las grandes
empresas nacionales, en este caso, de los ferrocarriles ingleses. El mismo trabajo
es realizado por menos dinero y en menos tiempo, a costa de la seguridad, del
salario y de las coberturas legales de los trabajadores.
La última película (Sweet sixteen, 2002) nos permite fijarnos en la marginalidad de
un adolescente que a los dieciséis años tiene ya su vida fundida a negro junto al
mar,como sucedía en el mítico filme de FrançoisTruffaut titulado Los cuatrocientos
golpes. Sólo hay una diferencia, aquí su protagonista no pertenece a la clase media
y no se le augura mucho futuro.

La mirada radical de Loach ha tenido un reconocimiento singular en el último
Festival de Cannes, en mayo de 2004. Durante treinta años un jurado ecuménico
ha otorgado un premio especial a la película considerada más recomendable desde
un punto de vista cristiano. Loach obtuvo este premio por Tierra y Libertad, pero
este año se le ha concedido el Premio Especial del Jurado Ecuménico por el
conjunto de toda su obra. El crítico José de Segovia, en Protestantedigital.com,
se preguntaba cómo era posible que un director no cristiano recibiera el galardón
¿qué es lo que le ha llamado la atención a este jurado ecuménico para darle un
premio tan especial? La respuesta es sencilla si no se olvida que el cristianismo
pertenece a una tradición de marcado carácter profético y lleva en su constitución
la preocupación por la justicia. Este director, y su cine, no están lejos de la
compasión cristiana y de la llamada de Jesús a la solidaridad y a la preferencia por
los pobres. Sigue diciendo Segovia que la mirada radical de Loach se ha levantado
siempre contra todo tipo de abusos en nuestra sociedad, ya fueran de la psiquiatría
(Family Life), ya del estalinismo (Fatherland), ya de los sindicatos (La Cuadrilla), ya
de los intereses británicos en el Ulster (Agenda oculta), ya del excesivo control
de los servicios sociales ingleses (Ladybird, Ladybird), ya de la política liberal de
Margaret Thatcher (Riff-Raff o Lloviendo Piedras ).


El mismo Loach en una entrevista publicada en Cinemanía manifestaba:“A fuerza
de parecer pretencioso, podría decirse que intento iluminar la experiencia humana
para que nos podamos ver bajo una luz un poco distinta. Intento buscar unos
personajes, una historia y una resolución satisfactoria que, al mismo tiempo, nos
deje una serie de preguntas en la cabeza. Me gustaría que mis películas hiciesen
reflexionar.”

*Contraste. Foro Ignacio Ellacuría. España, 2004.

2 pensamientos en “El cine de Ken Loach por Juan Carlos Domene*”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s