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Historia del cine de animación japonés por Yashushi Watanabe* (1a Parte)


*Historiador de cine de animación. Ha desarrollado su carrera en el periódico Mainichi. En la actualidad de clases de Historia del cine de animación en la Universidad Internacional de Osaka y en la Universidad Shinwa de Kobe Miembro de la Asociación Japonesa para Estudios de la Animación. Miembro del Jurado del Premio Ofuji y del Premio de Cine de Animación concedido por Mainichi. Autor de la monumental “Historia de la animación japonesa” (Nippon animeeshon eiga shi).

Es para mí una gran alegría que tenga lugar un ciclo de

animación japonesa en España, país que ha dado al mundo

genios del dibujo como Pablo Picasso o Salvador Dalí. La

relación de España con el cine de animación no es

precisamente nueva. El castillo que aparece en el primer

largometraje de animación en color del mundo, Blancanieves

y los siete enanitos (Snow white and the seven dwarfs, 1937),

se inspiró en el Alcázar de Segovia español. Del mismo modo,

el corto de animación producido por Disney Ferdinand the bull

(1938), con guión de Munro Leaf y dibujos de Robert Lawson y

que recibió el Oscar de Hollywood, centraba su historia en el

popular espectáculo español del toreo. También, aunque esto

no es muy conocido, el gran pintor Salvador Dalí produjo en el

Hollywood de 1946 un corto de animación titulado Destino.

A lo largo de ocho meses, Dalí pintó un total de 22 óleos que le

sirvieron para la realización de este corto basado en una

canción de amor mejicana, que no consiguió terminar y del

que sólo llegaron a completarse 18 segundos de película. Con

ocasión del centenario de Dalí, en este 2004 se han llevado a

cabo una serie de actos conmemorativos no sólo en España,

sino también en otros países. En 2003, la Disney decidió,

después de 57 años de haber sido rodado, presentar un corto

de animación de 7 minutos dirigido por Dominique Monfery

donde se aprovechaba el material de Dalí para Destino. La

obra fue seleccionada para la 76 edición de los premios de la

Academia de Hollywood de febrero de 2004, pero finalmente

no consiguió el galardón. Será también un español, el

aragonés nacido en Teruel Segundo de Chomón (1871-1929),

quien, cuando se encontraba trabajando como técnico

fotográfico de cine en Barcelona, descubra el sistema llamado

“frame by frame” (“one turn one picture”). Chomón dejará su

nombre en la Historia del cine de animación con títulos como

Choque de trenes (1905) y El hotel eléctrico (1905).

Según he oído, en España se empezó a ver animación

japonesa en televisión a partir de mediados de los años

setenta con series como Mazinger Z, Heidi o Candy, Candy.

También he oído que la serie Kureyon Shin-chan, que en

Japón es muy criticada por su lenguaje soez, tiene gran éxito

en Cataluña, donde se emite en catalán. Es curioso que,

mientras que en Japón es criticada por contribuir al deterioro

del lenguaje, la animación japonesa sirva, en cambio, al

gobierno español y a los regionales para promover los

idiomas de las autonomías.

Por otra parte, en el libro “Anime from Akira to Princess

Mononoke: Experiencing contemporary Japanese

Animation” (Suzan J. Napier, 2000) se pueden leer frases

tales como: “el ánime constituye una forma especial de pop

culture para la sociedad occidental” o “el ánime japonés es

la mayor exportación cultural de Japón”. Según datos de

JETRO (Japan External Trade Organization), el mercado de la

animación japonesa en EE.UU supuso unas ventas de 4.360

millones de dólares en el año 2002 (en el 2000, gracias al

“boom” de Pokemón, habían sido 5.820 millones de dólares).

Comparado con el mercado de los aceros y derivados, que

según el períodico “Sankei Shimbun” generó unos 1.380

millones de dólares en el mismo 2002, veremos que la cifra es

algo más del triple.

Parece que en esta ocasión van a proyectarse películas

de animación japonesa desde los primeros tiempos (1924)

hasta la premiada en Berlín y Hollywood El viaje de Chihiro

(Sen to Chihiro no kamikakushi). El cine de animación japonés

goza ahora de gran prestigio en Occidente, pero en cambio

su historia es apenas conocida, por lo que intentaré

describirla brevemente.

El cinematógrafo de los hermanos Lumiére llegó a Japón

en 1896, y su popularidad creció con rapidez por todo el país.

En 1906 aparece la primera película de animación (realizada

por el procedimiento “frame by frame”), Humorous phases of

funny face, del americano James Stuart Blackton (1875-1941).

Igualmente, en 1908 aparece en Francia Fantasmagorie, del

dibujante Emile Cohl (1857-1938) y producida por Gaumont Co.

Este tipo de películas de animación producidas en EE.UU.,

Francia o Inglaterra empiezan a llegar a los cines japoneses

hacia 1910. Sólo entre 1914 y 1917, se exhibieron unas 93

películas de animación extranjeras, siendo las americanas

las de mayor popularidad. Ante tal fenómeno, los productores

japoneses comenzaron a acariciar proyectos de cine de

animación nacional.

La compañía Tennenshoku Katsudo Shashin (abreviada

Tenkatsu) es quien reacciona primero, encargando en 1916 al

popular dibujante de “manga” Oten Shimokawa (1892-1973)

un film de semejantes características. En aquella época no

existía documentación en Japón sobre las técnicas de

animación, por lo que la tarea de Shimokawa no debió ser

nada fácil. No obstante, tras muchos esfuerzos, consiguió

realizar el primer film de la animación japonesa, Imokawa

Mukuzo, Genkanban no maki (Mukuzo Imokawa y el guardián

de la entrada) estrenado en enero de 1917.

Por su parte, el pintor de estilo occidental Seitaro Kitayama (1888-1945),

interesado por las películas extranjeras de animación que

veía, presenta un proyecto de realización propia a la

compañía Nippon Katsudo Shashin (abreviada Nikkatsu), que

ésta acepta encargarle. Kitayama tampoco era un experto en

la animación, pero, a fuerza de repetir fracasos, consiguió

terminar Saru Kani gassen (La batalla del mono y el

cangrejo), basada en un cuento popular japonés, que se

estrenó en mayo de 1917. Pero si Shimokawa y Kitayama

comenzaron la realización de sus películas en 1916, también

en fechas similares lo hará el dibujante de “manga” de corte

político Sumikazu Kouchi (1886-1970), por encargo ahora de

la compañía Kobayashi Shokai, estrenando en junio de 1917

Hanawa Hekonai, Shinto no maki (Hekonai Hanawa y su

nueva espada), con el personaje de un samurai como

protagonista. Podemos decir que la Historia del cine de

animación japonés comienza en 1917 gracias a los trabajos

de estos tres pioneros, pero desgraciadamente no se

conserva copia de ninguna de estas películas y no es posible

juzgarlas, si bien la de Kouchi fue la más elogiada de ellas por

las críticas de la época.

Shimokawa llegó a realizar cinco películas de animación,

pero debido a la sobreexposición al reflejo luminoso que

conllevaba el proceso, sus ojos experimentaban un gran

cansancio, por lo que decidió abandonar este trabajo y volver

a dibujar “manga”. Kouchi también se apartó del cine de

animación tras realizar cuatro películas, pero luego volvería

temporalmente a su realización debido a que personalidades

de la esfera política le encargaron cortos de propaganda. Por

contra, Kitayama, que además tenía talento como empresario,

se dedicó plenamente a la realización de películas de

animación. Comenzó empleando como ayudantes a jóvenes

aspirantes a pintores, a los que enseñaba las técnicas del

dibujo animado. Kitayama, que sólo en 1917 llega a realizar

hasta diez películas de animación, presenta ese mismo año

Momotaro (Taro Melocotón), basada en un popular personaje

infantil, que consigue exportar a Francia, convirtiéndose en el

primer “Japanimation” a ojos occidentales. Kitayama se

independizará en 1921 y crea sus propios estudios de cine,

pero el gran terremoto de Kanto de 1923 destruirá sus

instalaciones de Tokyo, por lo que decide mudarse a Osaka.

Allí se aparta de los dibujos animados para dedicarse a rodar

documentales informativos para una empresa de noticias

local. No obstante, la gran importancia de la labor de Kitayama

residirá en haber enseñado las técnicas de la animación a una

serie de jóvenes que prorrogarán el trabajo que él empezó.

Uno de estos jóvenes que aprendieron la técnica como

ayudantes de Kitayama fue Sanae Yamamoto (1898-1981), en

realidad llamado Zenjiro Yamamoto. Yamamoto era un

aspirante a pintor que acudió a trabajar a los estudios de

Kitayama, donde quedó fascinado por el mundo del dibujo

animado. Al marcharse Kitayama de Tokyo, Yamamoto decide

independizarse y formar sus propios estudios de animación.

En 1925 realiza Ubasute yama (La montaña donde se

abandona a los viejos), que tiene como tema el respeto y

cuidado de los ancianos. Yamamoto consigue el patrocinio

de la Secretaría de Educación para una serie de películas de

animación de corte educativo, y entre sus obras más

representativas se encuentran Usagi to Kame (El conejo y la

tortuga, 1924) y Nippon ichi no Momotaro (Taro Melocotón, el

número 1 de Japón, 1928).

También de esta época es Shiobara Tasuke (Tasuke

Shiobara, 1925), dirigida por Hakuzan Kimura. Kimura

trabajaba pintando murales de anuncio para las salas

cinematográficas, pero cambia su profesión para dedicarse

a los dibujos animados, destacando pronto por sus historias

de samurais. Por cierto que en 1932 rueda la primera

película erótica de la animación japonesa, Suzumi-Bune (El

paseo nocturno en barco), que le cuesta ser detenido por la

policía, que además secuestra la copia. Kimura, individuo

misterioso del que se desconocen también las fechas de

nacimiento y muerte, se retirará tras este incidente. Existen

rumores de que una copia fue vendida ilegalmente al

extranjero, pero en cualquier caso Suzumi-Bune se convirtió

en una película fantasma, imposible de ver. Al parecer se

trataba de una traslación a la pantalla del mundo erótico de

los artistas del “ukiyo-e” del Período Edo.

Otro discípulo de los pioneros (en este caso de Sumikazu

Kouchi) fue Noburo Ofuji (1900-1961), que empezó la

producción de dibujos animados gracias a la ayuda

económica de su hermana mayor, Yae, siendo su primera

película Baguda-jo no tozoku (El ladrón del castillo de

Baguda, 1926). Como material de trabajo utilizaba el

tradicional papel Chiyo, popular desde el Período Edo, pero

desgraciadamente sus hermosos colores no pudieron ser

recogidos por la fotografía en blanco y negro. Ofuchi también

realizó varias películas de animación con siluetas, como fue

el caso de Kujira (La ballena, 1927), cuyas imágenes hizo

acompañar con la música de la ópera “Guillermo Tell” de

Rossini. Ofuchi dedicó mucho tiempo a estudiar la posibilidad

del cine sonorizado y en color, y, gracias a la ayuda de su

hermana, consiguió realizar casi todas sus películas

prácticamente solo.

En 1923, año del gran terremoto de Kanto, Yasuji Murata

(1896-1966) ingresa en la recién formada Yokohama Cinema

Shokai, en principio dedicada a la importación de películas

extranjeras. Murata comienza a trabajar aquí pintando

esporádicamente murales de películas para los cines, pero el

presidente de la compañía le contrata como empleado fijo al

ver su talento para el dibujo. Murata también escribía los

rótulos para las películas extranjeras de la compañía, pero,

impresionado por las películas de animación de John

Randolph Bray (1879-1978) que aquella importaba, propone a

su presidente la producción propia de cintas similares.

Autodidacta de la materia, Murata escoge una popular

historia infantil para su primera realización, Saru Kani

gassen (La batalla del mono y el cangrejo, 1927). Desde

entonces hasta que deja la compañía en 1937, Murata rueda

cerca de 30 películas de dibujos animados, la mayoría de

corte educativo.

Normalmente el trabajo de animación era muy pesado y

laborioso, teniendo que mover la manivela de la cámara a

cada toma. La Yokohama Cinema Shokai se adelantó a sus

competidores al comprar una nueva cámara de motor

automático, que permitía acelerar el trabajo. La primera

película rodada con esta cámara será Kaeru wa kaeru (Una

rana es una rana, 1929), encargada nuevamente a Yasuji

Murata.

Para el cine de animación, el celuloide es un

material indispensable, pero en Japón no se fabricaba. El

celuloide comenzó a distribuirse con profusión en EE.UU. a

finales de 1914 con los trabajos de Earl Hurd, quien además

lo patentó. Como producto de importación, en Japón el

celuloide era muy caro, por lo que en su lugar se empleaba

una especie de cartulina sobre la que se dibujaban los

personajes, que luego se recortaban y fotografiaban

(sistema llamado “cut out”). Murata era un maestro del “cut

out” y su técnica no tenía nada que envidiar a sus

competidores de celuloide. Como título más representativo

de animación por “cut out” destaca su Tsuki no miya no Ojo

sama (La reina del Castillo de la Luna, 1934).

El primero en utilizar en Japón tan preciado celuloide para

el cine de animación fue Kenzo Masaoka (1898-1988), nacido

en una familia adinerada de Osaka. Tras estudiar dibujo en

una Escuela de Artes, inicialmente entra en el mundo del cine

como actor, abandonando poco después en favor de la

realización de dibujos animados. Su primera película fue

Nansensu monogatari Sarugashima (La absurda historia de la

isla de los monos, 1930), acerca de un muchacho criado por

un mono. Masaoka realizó también la primera película de

animación sonora, Chikara to onna no yo no naka (Las

mujeres y la fuerza mueven el mundo, 1932), donde utiliza

parcialmente el todavía caro celuloide. Masaoka no escatimó

gastos para aumentar la calidad de sus películas, y así a partir

de Chagama ondo (El ritmo de la tetera, 1934) empleará el

celuloide para el total del metraje. Otro de sus títulos, Mori no

yosei (El hada del bosque, 1935), recibió elogios de sus

colegas en el mundo de la animación y fue comparado al Silly

Symphony de Walt Disney.

Mientras que la mayoría de los

cineastas contemporáneos se dedicaban a hacer películas de

propaganda bélica para el Ejército, Masaoka realizará

durante la guerra una obra de gran poesía que hará olvidar las

penurias de la época y que quedará para la posteridad del

género, Kumo to churippu (El tulipán y la araña, 1944). De sus

cintas de postguerra, la más representativa será Sute neko

Tora-chan (Tora, el gato abandonado, 1947), sobre una gata

que decide criar a un gatito que ha sido abandonado.

Masaoka, por haber sido el primero en introducir el celuloide

en los dibujos animados y el primero también en realizar una

película sonora de esta modalidad, ha sido llamado “el padre

de la animación japonesa” y respetado como tal.

En 1933 Mitsuyo Seo (nacido en 1911 como Tokuichi Seo)

es contratado por los estudios de Kenzo Masaoka. Seo era

un gran dibujante que destacó pronto por la gran rapidez con

que realizaba su trabajo, que fue decisivo en la

anteriormente citada Chikara to onna no yo no naka. Seo,

Momotaro no umiwashi, 1942 que aprendió la técnica de sonorización de Masaoka,

pronto se independizó. Su primera película fue Osaru Sankichi.

Bokusen (Sankichi el mono. Defensa antiaérea, 1933), que

recibió muy buenas críticas. El 8 de diciembre de 1941 Japón

ataca la base norteamericana de Pearl Harbour, comenzando

su participación en la II Guerra Mundial. Entonces, la Marina

japonesa encarga a Seo una película de propaganda que

realce los éxitos militares del Japón de cara a los más

jóvenes. Así, con un equipo de cinco personas, Seo realiza la

película de dibujos animados Momotaro no umiwashi (Las

águilas marínas de Taro melocotón, 1942), de 37 minutos de

duración, que, a pesar de su descarado carácter

propagandístico, tuvo gran éxito entre el público infantil.

Protagoniza el popular personaje de los cuentos infantiles

Momotaro, que aquí es el capitán de un portaaviones,

mientras que perros, monos y perdices serán los pilotos de

aviación. La flota enemiga viene dirigida por un personaje de

gran parecido con el Bruto de los dibujos americanos de

Popeye, que aquí corre ridículamente de un lado para otro

huyendo de los ataques japoneses.

Seo entra a formar parte de la Shochiku Doga Kenkyusho 4,

donde también se encontraba Kenzo Masaoka, y allí vuelve a

recibir un encargo de la Marina. En enero de 1942, el Cuerpo

de paracaidistas de la Marina había descendido sobre la isla

de Sulawesi (en Indonesia), conquistando la base americana,

así que se decidió airear también este primer éxito del

Cuerpo ante los niños japoneses con otra película de dibujos.

De esta manera se gesta la realización de Momotaro, umi no

shimpei (Taro Melocotón, el guerrero divino de los mares,

1943), con un equipo de 70 personas (el mayor hasta

entonces en la Historia de la animación) y un tiempo total de

elaboración de 14 meses. Finalmente se consiguió toda una

superproducción de 74 minutos de duración, aunque el

equipo se había reducido a 25 personas por haber sido

llamado a filas parte del personal masculino y a las fábricas

de armamento el femenino. Terminada la guerra, Seo realizó

en 1947 Oosama no shippo (La cola del rey), vagamente

inspirada en el famoso cuento de Andersen “Los vestidos

nuevos del emperador”, pero la película no se estrenó.

Después de ello, Seo deja el cine y se dedica a dibujar para

las revistas de niños, o a diseñar personajes para adornar la

ropa infantil.

En 1933 se estrena Ugoku-e Kori no tatehiki (El duelo del

zorro y el tejón en dibujos animados), que en el estilo del cine

de “gags” americano de animación, contaba una historia

protagonizada por unos tejones que viven en un templo

budista. Un zorro que ha adoptado la forma de samurai llega

al templo, sucediéndose un duelo de transformaciones entre

tejones y zorro que termina con la derrota de éste; también

incluye un “gag” con el zorro-samurai disparando una

ametralladora. El director fue Ikuo Oishi (1901-1944), quien,

tras filmar un anuncio en dibujos animados para una fábrica

de chocolates decidió dedicarse a la realización de cine de

animación. Su obra más representativa fue Futatsu no Taiyo

(Los dos soles, 1929), pero con el estallido de la guerra se

dedica a realizar películas de instrucción para la Marina.

Durante uno de estos cometidos, el barco en el que volvía de

rodar unas tomas en el extranjero es hundido por un

submarino norteamericano, falleciendo así uno de los

talentos de la animación japonesa.

*Cinemateca. Animación japonesa, Museo de las Bellas Artes, Bilbao, España, 2004 

Momotaro no umiwashi (1945) Dir. Mitsuyo Seo

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