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Sexicomedias mexicanas. Del erotismo a la picardía por Cristina Bringas


México es un país en donde los temas más delicados son tomados mejor “a la ligera”. Es parte de nuestra idiosincracia burlarnos de todo aquello que nos causa conflictos morales, sociales y/o personales; mejor reírnos de todo y disfrutar de lo que nos rodea. Por ello, cuando celebramos a la muerte, nos comemos calaveritas de dulce y hacemos fiestas. Pero éste no es el único tema del que nos burlamos, también lo hacemos de la política, el fútbol y por supuesto, el sexo, entre otros muchos. Este país se caracteriza también por tener unos niveles de pudor y recato que han delineado a la sociedad entera por años. Los temas sexuales son tabú, la educación en este tópico tiene bastante retraso, e incluso estando “en confianza” tratar estos temas resulta particularmente incómodo para muchos de los mexicanos.

Así pues, el erotismo, el cortejo y la sexualidad resultan mejor si los tomamos “por el lado amable” y utilizamos herramientas lingüísticas como el albur[i], el doble sentido y los chistes para poder expresar aquello que es imposible decir de forma directa. De ahí que existan piropos que sobrepasen las barreras de la decencia y más bien parezcan comentarios vulgares o desagradables, pero -aún así- siempre conservan los toques de comedia y “picardía” necesarios.

Justo a finales del sexenio de Luis Echeverría -quién instauró importantes políticas culturales a favor de la cinematografía e impulsó la industria fílmica, generando oportunidades y apoyando a cineastas reconocidos como Fons, Cazals y Ripstein- se produce la primera película inspirada en el cine de rumberas, las obras de cabaret, el vedettismo y el doble sentido: Bellas de noche (dirigida por Miguel M. Delgado)

Esta película, llamada así por la película de Buñuel Bella de día (Belle de jour), presentaba a unos protagonistas cuyo escenario de desarrollo era un bar de ficheras. Lasficheras son mujeres que a través de la conversación y el baile incitan a los clientes al consumo. Por cada consumo (copa, trago, botella) se recibe una ficha que al final de la jornada será canjeada por una cantidad de dinero. Esta práctica inició desde los años 30 o 40 y aún a la fecha sigue en funcionamiento en algunos locales del Distrito Federal (y seguramente en algunos otros lugares del país).

Así, de la vida real pasó al teatro y del teatro fue llevado a la pantalla grande por una productora privada llamada Cinematográfica Calderón, que fue de las primeras en resurgir de las cenizas, en una época en donde la industria ya no era de particulares, sino casi únicamente estatal. Lo anterior, aunado al cambio de sexenio con el que el nuevo presidente, José López Portillo, decidió nombrar a su hermana Margarita como la Directora de Radio Televisión y Cinematografía (RTC) del país, dándole rienda suelta a su inexperiencia y falta de conocimiento sobre el tema.

Surge así la época de oro del denominado Cine de Ficheras o Sexicomedias Mexicanas. Esta versión del cine erótico es una mezcla entre comedia (sobre todo chistes y comentarios en doble sentido) y sexo. La famosa “picardía mexicana” consiste en crear situaciones graciosas e hilarantes en momentos incómodos, inesperados y mayoritariamente con referencias verbales sexuales (nunca explícitas).

Con estas cintas, además se desvelan ciertas esperanzas, sueños y características de los mexicanos: el anhelado triunfo de la clase media y media baja, la astucia como la mejor cualidad de cualquier hombre, la belleza femenina mexicana (voluptuosa y sensual) que eventualmente les dará la vida que esperan y desean, el deseo como el motivo para seguir adelante en la vida; la sexualidad como el motor para la felicidad -aunque sea efímera y fugaz-; la galantería como la cualidad mejor vista en el mexicano.

Las siguientes décadas se caracterizan por una decadencia de la producción nacional, sostenida únicamente por los delgados hilos de la denominada Serie B, con películas de bajísimo presupuesto, rápida manufactura y con una temática sexual. Ya para los años 80, cambiará ligeramente el objeto de las películas, cuando el narcotráfico, las mafias y las carreteras del norte se convierten en los escenarios más socorridos con el llamado Cabrito Western.

Si bien, el cine de ficheras sostuvo la poca industria que quedaba, e incluso la desarrolló muy puntualmente, fue una navaja de doble filo para el cine nacional, ya que provocó una decepcionante caída de la calidad cinematográfica en el país. Esto, en contraste con las plausibles cintas realizadas durante el período de Echeverría, en el cual el cine de protesta mostraba la penosa situación nacional de la época.

A diferencia de otros países que también han tenido producciones masivas de películas serie B, México realizó únicamente este tipo de cine por casi veinte años, lo que demeritó su status a nivel nacional e internacional, obteniendo un terrible desprestigio que todavía a la fecha le ha costado recuperar. La credibilidad en el país del cine nacional es resultado -en parte- de toda esta época.

Títulos como Noches de cabaretLas cariñosasEl vecindarioLa Pulquería, Las Vedettes, El día de los albañiles 1 y 2, Sexo sudor y lágrimas, La torta caliente, El sexo me divierte, El sexo me da risa, Las tentadoras, Muñecas de MedianocheLa taquera picante, o Piernas cruzadas, entre otros, formaron parte de la casi interminable lista de películas que llenaron las marquesinas de muchas salas en todo el país entre 1975 y 1990.

Narcosatánicos

Parece entonces casi inaudito que habiendo, en estas décadas, un nivel de censura altísimo en México, y en medio de una sociedad tan pudorosa y represiva -en los aspetos sexuales- se haya dado pie a la producción de películas en donde los desnudos frontales, las dobles sentidos, los títulos sugerentes y los albures fueran los protagonistas de estas historias banales de “cabaret”.

Esta temática y forma cinematográfica ha sido recurrente en la historia de las producciones nacionales: el cine de rumberas de los 30 y 40 versa sobre situaciones similares en un ambiente de antro, con figuras que se volvieron icónicas (Tin Tan, Tongolele, Ninón Sevilla, Resortes, entre otros), pero con la diferencia de que en los 70 comenzó  la “libertad” para destapar el cuerpo femenino, que todavía treinta años antes se “resguardaba” en las plumas coloridas, las colas de cha-cha-chá y las mangas anchas.


Esta revolución cinematográfica industrial del país, que realmente fue un parteaguas en lo que a taquilla e ingreso se refiere, tiene ciertas características que lo hacen perfectamente identificable:

1.    Reparto constante y reconocible: Una serie de actores provenientes del teatro de vaudeville, la comedia y otras fuentes se volvieron iconos de la industria en estas décadas. Nombres como Pedro Webber Chatanooga, Alfonso Zayas, Rafael Inclán, Roberto “El flaco” Guzmán, entre otros, serán recordados -y al mismo tiempo rechazados- en la historia del cine mexicano.

2.    Mujeres únicas: Este cine produjo mujeres iconicas que además traspasaron las barreras del celuloide para volverse figuras públicas, por diversos motivos (por ejemplo, relaciones con políticos): Sasha Montenegro, La tigresa o algunas simpáticas y recordables como Carmen Salinas.

3.    Pobres diablos: Los personajes principales, siempre son hombres en desgracia, desdicha y sin futuro. Hombres de clase media y media baja, que tienen que luchar para salir adelante. Su astucia, simpatía y encanto natural serán sus fieles compañeros para librar cualquier situación.

4.    Ficheras: Estas mujeres serán el blanco de los deseos, anhelos e ilusiones de todos los hombres, pero al mismo tiempo, pueden convertirse en las razones de los nudos de conflicto de la película.

5.    Un hombre afeminado: En muchas de las cintas debe existir un personaje masculino que representa a un homosexual con deseos de encontrar también a su hombre ideal en alguno de los “caballeros” que acuden a los bares.

6.    El gigoló: Pese a que las ficheras están ahí para dar ilusiones y crear conversación, ellas también tienen deseos. Generalmente hay un personaje masculino que es capaz de hacer  realidad todos los sueños sexuales de las ficheras.

7.    Desnudos frontales: No hay película de ficheras si no hay al menos un desnudo total frontal de al menos alguna de las actrices.

8.    Secuencias de sexo: Si bien, el sexo nunca es explícito ni total, se da a entender de diversas formas. El cine erótico mexicano no llega ni remotamente a la pornografía y se abstiene totalmente de mostrar la fisionomía masculina, pero siempre hallará la forma de mostrar que se lleva a cabo el acto sexual, aunque sólo sea a través de un “chascarrillo” audiovisual.

9.    Comedia de enredos: Todas las películas de ficheras son comedias. Su finalidad -declarada por el mismo creador del género (Víctor Manuel Castro)- es divertir.

10. Albures y dobles sentidos: Este es el componente esencial de toda película de ficheras: los chistes y comentarios que deben ser malinterpretados para poder generar la risa esperada.

11. El bar: Ya sea tipo bar, salón o cabaret, una buena parte de la historia se desarrolla en, o en torno a, un bar y sus dueños aparecen en la cinta. Hay películas de ficheras que ya no se desarrollan en este espacio, pero mantienen otras de sus características.

12. Un título ad hoc: Ya sea con las profesiones y oficios de los protagonistas o haciendo alusión a las ficheras. Ejemplos como: El día de los albañilesLos VerdulerosLos alburerosLas cariñosasNoches de cabaret, entre otros.

El término ficheras quizá ayudó a que se suavizara un poco la percepción de estas producciones. Incluso en la vida cotidiana este concepto resulta menos “sonoro” que palabras que hacen referencia mucho más directa a la prostitución. De hecho, son cosas distintas, pero aluden al mismo tipo de actividad aunque en diferentes niveles.

El cine erótico ha ido encontrando su lugar paulatinamente alrededor del mundo. Ha hallado sus formas y manifestaciones de acuerdo a la cultura que lo ha producido. Si bien, en Italia logró destaparse al cuerpo humano -casi en su totalidad- más o menos por esos mismos años, o en Estados Unidos poco a poco fue encontrando su lugar, aún pese a todas las restricciones moralistas de ese país, en México halló su espacio y génesis en medio de la desastrosa situación de la industria fílmica y la economía nacional.

La sexualidad comenzó a ayudar a la población a distraerse de las desgracias económicas y políticas que atravesaba México por esos años, le dio esperanzas a un alto porcentaje de la población nacional respecto a las posibilidades y aspiraciones de vida, y sobre todo, le regaló un respiro a la industria que parecía estar agonizante antes de este fenómeno social.

Las salas de cine se abarrotaban, quizá por la comedia, o más posiblemente porque por primera vez había producciones explícitas en los teatros nacionales. Curioso que ante el pudor de la audiencia, exista tanto público para estas producciones. Tal vez la oscuridad de la sala provee una intimidad indescriptible que permite disfrazar el deleite ante estas muestras de “tentaciones mexicanas”.

Pese a la congoja de los críticos, el cine de ficheras es un hito en nuestra historia cinematográfica y ha contribuido enormemente al desarrollo social, económico y cultural de nuestro país. Muchos de estos productos aún transitan en diversos círculos sociales y siguen generando diversión y entretenimiento para su público. No se puede negar entonces, que varias de estas producciones han pasado a la historia y se han convertido en emblemas nacionales y hasta en películas de culto. Las sexicomedias mexicanas son el reflejo de lo que somos: una sociedad que se oculta tras su simpatía natural, insolente e ingeniosa, pero que tiene deseos reprimidos de mostrarse por completo al exterior.

FUENTE: El espectador imaginario

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Un pensamiento en “Sexicomedias mexicanas. Del erotismo a la picardía por Cristina Bringas”

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